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sábado, 23 de septiembre de 2017

San Martín y su respeto hacia los pewenche, por Adrián Moyano (para "El Cordillerano" del 13-08-17)




 Restos del makün o poncho que los mapuche obsequiaron al futuro Libertador.

Por Adrián Moyano

Antes de cruzar la cordillera celebró dos parlamentos para pedir permiso para pasar por sus tierras. Mitre redujo el episodio a un momento de la “guerra de zapa” pero fue bastante más que eso.

La relación que mantuvo San Martín con expresiones del pueblo mapuche fue muy distinta a la que asumieron aquellos que se hicieron del poder desde 1861 en la Argentina. Algunos detalles de esa conducta aparecen en volúmenes como “El Santo de la Espada”, de Ricardo Rojas. En verdad, al escritor se valió de las memorias de Manuel Olazábal, subordinado del jefe del Ejército de los Andes, para recrear ciertos acontecimientos. Pero lamentablemente, esa información pasó antes por el filtro liberal, eurocéntricos y probritánico de Bartolomé Mitre, que los redujo a una maniobra de la “guerra de zapa” que libraba desde Cuyo el futuro vencedor de Chacabuco.
En septiembre de 1816 San Martín le había escrito a Pueyrredón, por entonces director supremo de las Provincias Unidas: “he creído del mayor interés tener un parlamento general con los indios pehuenches, con doble objeto, primero, el que si se verifica la expedición a Chile, me permitan el paso por sus tierras; y segundo, el que auxilien el ejército con ganados, caballadas y demás que esté a sus alcances, a los precios o cambios que se estipularán: al efecto se hallan reunidos en el Fuerte de San Carlos el Gobernador Necuñan y demás caciques, por lo que me veo en la necesidad de ponerme hoy en marcha para aquel destino, quedando en el entretanto mandando el ejército el Señor Brigadier don Bernardo O´Higgins”.

El párrafo que antecede deja mucha tela para cortar. En primer término, se trata de un documento interno del gobierno de las Provincias Unidas, es decir, no se escribió para que se diera a publicidad. Llama la atención entonces que San Martín reconociera expresamente que para el cruce que proyectaba, debía atravesar espacios territoriales que eran pewenche (gente del pehuén o araucaria). Además, planteaba la posibilidad de pagar por el auxilio en animales que necesitaba, intención que también sorprende si se tiene en cuenta que al frente de la gobernación de Cuyo, no tuvo mayores inconvenientes en imponer exacciones forzadas a los sectores económicos más poderosos y que además, requisó miles de animales entre los simpatizantes del absolutismo. Por último, queda en evidencia la importancia que el correntino le atribuía a sus conversaciones con los pewenche porque en lugar de derivar la tarea de parlamentar a un subordinado, marchó en persona hacia la frontera para cumplir su cometido.

Reconocimiento

Hay un concepto que sobrevuela las líneas sanmartinianas que los herederos de Mitre no parecen dispuestos a aceptar ni siquiera a comienzos del siglo XXI: el reconocimiento. El militar reconocía que los pewenche constituían una instancia política distinta a la rioplatense o chilena y que en función de esa diferencia, era necesario parlamentar. Desde que había llegado al puerto de Buenos Aires, puesto su sable al servicio del Primer Triunvirato, organizado el famoso regimiento de granaderos, marchado para ponerse al frente del Ejército del Norte y asumido la gobernación cuyana, no había tenido necesidad de acordar de igual a igual con nadie ni menos aún, de pedir permisos para cruzar tierras. Puede arriesgarse entonces que el proyecto político que buscó terminar con la independencia y libertad de las diversas parcialidades mapuche maduró mucho tiempo después. Mitre participó en él, claro.

San Martín recreó más tarde los acontecimientos que tuvieron lugar en el Fuerte San Carlos: “el día señalado para el Parlamento a las ocho de la mañana empezaron a entrar en la Explanada que está en frente del Fuerte cada Cacique por separado con sus hombres de Guerra, y las mujeres y los niños a Retaguardia: los primeros con el pelo suelto, desnudos de medio cuerpo arriba, y pintados hombres y Caballos de diferentes colores, es decir, en el estado en que se ponen para pelear con sus Enemigos. Cada cacique y sus tropas debían ser precedidos (y esta es un prerrogativa que no perdonan jamás porque creen que es un honor que debe hacérseles) por una partida de Caballería de Cristianos, tirando tiros en su obsequio. Al llegar a la explanada las mujeres y los niños se separan a un lado, y empiezan a escaramucear al gran galope; y otros a hacer bailar a sus Caballos de un modo sorprendente: en ese intermedio, el Fuerte tiraba cada 6 minutos un tiro de Cañón, lo que celebraban golpeándose la boca, y dando espantosos gritos; un cuarto de hora duraba esta especie de torneo, y retirándose donde se hallaban sus mujeres, se mantenían formados, volviéndose a comenzar la misma maniobra que la anterior por otra nueva tribu”.

El relato que legó el prócer americano es bastante más extenso, sólo retendremos algunos párrafos más: “el General en Jefe, el Comandante General de Frontera y el Intérprete, que lo era el padre Inalican Fraile Francisco y de nación Araucana, ocupaban el testero de la mesa. El Fraile comenzó su arenga haciéndoles presente la estrecha amistad que unía a los Indios Pegüenches al General, que éste confiado en ella los había reunido en Parlamento general para obsequiarlos abundantemente con bebidas y regalos, y al mismo tiempo para suplicarles permitiesen el paso del Ejército Patriota por su Territorio, a fin de ir a atacar a los Españoles de Chile, extranjeros a la tierra, y cuyas miras eran de echarlos de su País, y robarles sus Caballadas, Mujeres e Hijos, etc. Concluido el razonamiento del Fraile un profundo silencio de cerca de un cuarto de hora reinó en toda la Asamblea. A la verdad era bien original el cuadro que presentaba la reunión de estos Salvajes con sus cuerpos pintados y entregados a una meditación la más profunda. Él inspiraba un interés enteramente nuevo por su especie”.

Al fin, “puestos de acuerdo sobre la contestación que debían dar se dirigió al General el Cacique más anciano, y le dijo: todos los Peguenches a excepción de tres Caciques que nosotros sabremos contener, aceptamos tus propuestas: entonces cada uno de ellos en fe de su promesa abrazó al General, con excepción de los tres Caciques que no habían convenido: sin pérdida se puso en aviso por uno de ellos el resto de los Indios, comunicándoles que el Parlamento había sido aceptado; a esa noticia desensillaron y entregaron sus caballos a los Milicianos para llevarlos al pastoreo; siguió el depósito de todas sus Armas en una pieza del Fuerte, las que no se les devuelven hasta que han concluido las Fiestas del Parlamento”. Alternativas que es oportuno traer a colación, en las vísperas del 17 de agosto.

Continuidades hasta el presente

En otro de sus párrafos, San Martín apuntó que concurrieron a San Carlos aproximadamente dos mil pewenche. Si bien en su misiva a Pueyrredón apuntaba como principal a Necuñan, es evidente que la centralización política era una idea ajena a la parcialidad pewenche. Los criollos observaron hasta con cansancio, como una tras otras las diversas “tribus”, recrearon la misma formalidad frente a sus interlocutores.

Un rasgo más que perdura hasta el presente: entre las prejuiciosas observaciones del jefe americano puede apreciarse que entre las distintas expresiones del pueblo mapuche, la mayoría numérica no alcanzaba para imponer una determinación a quienes quedaban en minoría. En efecto, los tres lonko que no participaron del entendimiento serían “contenidos” por el resto, pero no asumirían las obligaciones que sí adoptaría el conjunto. En otros parlamentos que contaron con la presencia de testigos o partícipes winka, la metodología fue similar. Por último, adviértase que es el mayor entre los lonko el que da cuenta de la aceptación, otra constante histórica.


Publicado en:
http://elcordillerano.com.ar/index.php/cultura/item/28956-san-martin-y-su-respeto-hacia-los-pewenche

INFORMACIÓN RELACIONADA:

Parlamento pehuenche, estrategia de San Martín
A 200 años del encuentro que el Padre de la Patria tuvo con los caciques del pueblo originario, todo San Carlos revive aquel parlamento.(Diario Los Andes, 17 de septiembre de 2016)


SAN MARTÍN Y EL PARLAMENTO CON LOS PEHUENCHES (Asociación Cultural Sanmartiniana, 10 de octubre de 2011)

SAN MARTÍN Y LOS PUEBLOS INDÍGENAS
DE NUESTRA AMÉRICA
Escribe: Fernando Ramón Bossi,en Costa Rica sin Fronteras,
 abril de 2001




RELACION ENTRE SAN MARTIN Y LOS INDIOS (La Gazeta)



Los Pehuenches y su primer encuentro con San Martín (La Angostura Digital) 


Fray Inalicán, el que unió a dos pueblos
En los Hombres de San Martín, Jorge Sosa resalta la figura y la importancia del Fray Francisco Inalicán, que era de sangre americana y que ayudó a San Martín a acordar con el pueblo pehuenche.(La Jornada)



El indio San Martin, libertador originario (El Orejiverde, 17-08-2015)

domingo, 6 de octubre de 2013

GUAYAQUIL: La cumbre que definió a América, por Julio Fernández Baraibar (para "Miradas al Sur" del 01-09-13)

Año 6. Edición número 276. Domingo 1 de Septiembre de 2013
Un colombiano encontró en el Archivo Nacional del Ecuador una carta que relata el encuentro de Bolívar con San Martín en Guayaquil, y pone fin a dos siglos de mitos y polémicas.
Qué sería de la Historia sin el azar? Es la pregunta que hoy se hace Armando Martínez, profesor de la Universidad Industrial de Santander (UIS), que hace unas semanas encontró en el Archivo Nacional del Ecuador, en Quito, una carta que prácticamente pone fin a dos siglos de polémicas, especulaciones, debates, estudios, tesis, ensayos, cuentos y novelas en torno de lo que se dijeron en su encuentro secreto en Guayaquil el libertador Simón Bolívar y el emancipador de Argentina, Chile y Perú, José de San Martín.
Estos dos gigantes se entrevistaron en Guayaquil el 26 de julio de 1822, y después de tres días de conversaciones el rumbo de sus vidas cambió y, con ellas, una parte de la historia de Suramérica.
Mucho se especuló acerca de por qué Guayaquil se sumó a Colombia y no se constituyó en una nueva nación, como quería la mayoría de sus habitantes; por qué San Martín renunció a seguir adelante a liberar el Alto Perú, hoy Bolivia, y consagrarse así como el gran libertador y prócer de América, ni las razones que movieron a Bolívar a asumir esta tarea y a llevar a sus ejércitos hasta los confines del mundo hispanoamericano, algo que no estaba dentro de sus planes.
Con esto llevó a Colombia a mantener y financiar la guerra contra los españoles dos años más. Los historiadores consideraron siempre que los dos se llevaron a la tumba los secretos de la entrevista de Guayaquil, que con los años se convirtió en el mayor misterio de la historia de la independencia de esta parte del mundo.
Pues bien, el profesor Martínez acaba de develar ese enigma, pues la carta que encontró era la pieza que faltaba. El docente, doctor en Historia de la UIS, tiene un historial brillante: ha replanteado buena parte de la historia de los Santanderes y de la revolución neogranadina de 1810, y descubrió una nueva copia del poema “Delirio en el Chimborazo”, que ratifica que Bolívar lo escribió.
Martínez estaba en Ecuador recopilando información para su tesis de postdoctorado sobre el fracaso de la primera República de Colombia (1819-1830). Al pedir la caja 595 del fondo Presidencia de Quito, que sólo parecía contener las órdenes y documentos de Manuel José Restrepo, se encontró que en medio de los extensos volúmenes había dos tomos de documentos del general José Gabriel Pérez, secretario general de Simón Bolívar en la campaña del sur.
Al examinarlos se encontró con una copia de la carta confidencial fechada el 29 de julio de 1822 en la que éste le hace al general Antonio Sucre, entonces intendente de Quito, un resumen del encuentro por petición de Bolívar.
Como es claro que en esa época no había papel carbón ni imprentas manuales, la única forma de llevar un control de la correspondencia que se enviaba era transcribirla literalmente en el libro copiador del secretario, el mismo que se encontraba desde mediados de 1970 guardado pero mal clasificado en el Archivo del Ecuador.
El hallazgo ha causado tanta sorpresa entre los historiadores que la propia revista ecuatoriana de historia Procesos decidió detener la impresión de su número semestral, que ya estaba prácticamente listo, para publicar esta chiva histórica, algo insólito en este tipo de publicaciones.
La carta de Pérez ya era conocida desde finales del siglo XIX pues el historiador chileno Diego Barros Arana la menciona diciendo: "La carta de 29 de agosto de 1822 en que San Martín anunciando a Bolívar su resolución de abandonar el Perú, se refiere a la reciente conferencia de Guayaquil, es sin disputa el documento capital que nos queda sobre ella; y si bien no basta para darla a conocer en todos sus incidentes, suministra bastante luz para formarse una idea clara de los asuntos que allí se trataron y de su resultado final. Obligado a guardar una reserva absoluta sobre este negocio, no tanto por el compromiso contraído por Bolívar, cuanto por el interés de la causa americana, San Martín se abstuvo durante veinte años de hablar de estos negocios".
Pero como lo manifestó Martínez a Semana, la importancia de su logro no radica en haber descubierto una fuente inédita y nunca antes vista sino en haber hecho un "redescubrimiento de la fuente original", que reabre un debate olvidado para la inmensa mayoría, un misterio que les sirvió a grandes escritores como Jorge Luis Borges o Ernesto Sábato para escribir sobre este tema nunca cerrado para la Historia.
La reunión. Tras liberar Venezuela y la Nueva Granada, el general Antonio José de Sucre, comandante en jefe de la División Sur del Ejército colombiano, llegó en 1821 a Guayaquil, que había declarado su independencia, con las órdenes expresas de Simón Bolívar de lanzar desde allí la liberación de Quito.
Tras una primera derrota, en 1822 Sucre recibió el apoyo de 1.200 hombres del ejército patriota peruano enviado por San Martín. Luego de casi cuatro meses de travesía, Sucre y su ejército llegaron a la falda del volcán Pichincha, en donde salieron victoriosos el 24 de mayo de 1822.
Una vez liberada la Real Audiencia de Quito, la única forma de derrotar a los españoles era ir hasta el Alto Perú, pero en Lima estaba el general San Martín, quien había liberado a Argentina y Chile y, tras armar durante dos años a un ejército y librar importantes batallas, había entrado victorioso a la capital del antiguo Virreinato del Perú, mientras los españoles huían a Cuzco. El 28 de julio de 1821, ante una multitud en la Plaza de Armas, declaró la Independencia y fue nombrado Protector del Perú.
Además de este obstáculo había uno mayor: definir la forma de gobierno de Perú, lo que produjo un desencuentro político. Estos dos asuntos, entre otros, llevaron a los dos grandes generales a buscar encontrarse personalmente. Hasta ese momento, todos los testigos esperaban que San Martín terminara su campaña para liberar Perú, pero tras el encuentro con Bolívar en Guayaquil, decidió dar un paso a un lado, renunciar a todos sus honores y viajar a Europa, donde murió.
Un resultado tan inesperado hizo que los relatos sobre la reunión sirvieran para elaborar perfiles acomodaticios de las personalidades de Bolívar y San Martín, que varían significativamente según la nacionalidad del autor. De hecho, en Argentina tanto historiadores como políticos y literatos construyeron un relato en el que San Martín fue un hombre noble y desinteresado que dejó en manos de un Bolívar ambicioso y prepotente la independencia de Perú.
Esta versión de la cita de Guayaquil se basa en parte en el relato del edecán del protector del Perú, el coronel Rufino Guido, quien afirmó haber escuchado al general San Martín decir después de la entrevista: "¿Qué les parece a ustedes cómo nos ha ganado de mano el libertador Simón Bolívar?". Y además, y principalmente, en una carta apócrifa supuestamente enviada por San Martín a Bolívar y transcripta por el marino francés Gabriel Lafond de Lurcy –miembro de la armada peruana durante la independencia– en su libro Voyages autour du monde et naufrages célèbres.
El problema es que el original no se ha encontrado en los archivos, ni siquiera en los de Bolívar. Pero si no existe el manuscrito, ¿cómo fue posible que LaFond lograra transcribirla? Según su versión, él le pidió a San Martín documentos para escribir la verdad sobre la reunión de Guayaquil, y ése sería el origen de la famosa carta.
La misiva, fechada el 29 de agosto de 1822 en Lima, afirma que Bolívar supuestamente se negó a asumir el comando de las tropas patriotas con la colaboración de San Martín. Ante esta situación, el Protector del Perú en forma altruista le habría dicho al Libertador que una vez convocado el primer congreso de Perú se retiraría a Chile, "convencido de que mi presencia es el solo obstáculo que le impide a Usted venir al Perú con el ejército de su mando".
El texto también afirma que lamentó no haber terminado "la guerra de la independencia bajo las órdenes de un general a quien la América debe su libertad", lo que le hubiera causado una de las mayores felicidades de su vida.
A partir de esta carta los historiadores e intelectuales más afamados de la Argentina del siglo XIX difundieron un relato en el que, con la intención de exaltar la nacionalidad y el patriotismo propios, se ensalzaba la imagen de San Martín en desmedro de la de Bolívar. El primero de ellos fue el escritor y presidente argentino Domingo Faustino Sarmiento, quien además de basarse en unas conversaciones que tuvo con San Martín, utilizó la carta de LaFond de Lurcy para escribir el discurso que pronunció en el Instituto Histórico de Francia, el 1º de julio de 1847.
En éste retrata a Bolívar como un hombre ambicioso de gloria y de poder frente a un San Martín noble, capaz de ponerse a las órdenes del Libertador. Afirma que el bonaersense, para solucionar las dificultades entre ambos, le dijo: "Y bien, general, yo combatiré bajo sus órdenes. No hay rivales para mí cuando se trata de la independencia americana. Esté usted seguro, general, venga al Perú; cuente con mi sincera cooperación; seré su segundo".
En su libro Historia de San Martín y de la emancipación sudamericana, el historiador y también presidente argentino Bartolomé Mitre hizo eco de las interpretaciones de LaFond y Sarmiento. Y así, durante buena parte de la primera mitad del siglo XX, la versión argentina dominó el panorama cultural latinoamericano, hasta que en 1952 el historiador venezolano Vicente Lacuna publicó su libro La entrevista de Guayaquil: El restablecimiento de la verdad histórica, en el que publicaba la carta del secretario Pérez con el propósito de restablecer la verdad de lo sucedido y defender la imagen vilipendiada del prócer venezolano.
En vista de que Lacuna no pudo mostrar la carta, la Academia de Historia de Argentina se trenzó en una guerra a muerte con sus colegas venezolanos. Hasta el gran Jorge Luis Borges, apasionado de los enigmas y documentos perdidos, decidió escribir en El informe de Brodie un cuento titulado “Guayaquil”, que recrea, a raíz del descubrimiento ficticio de varias cartas del Libertador, los pormenores de la entrevista del puerto del Guayas.
El protagonista, quien ve los documentos, dice sobre la decisión de San Martín de renunciar a la gloria: "Las explicaciones son tantas... algunos conjeturan que San Martín cayó en una celada; otros, como Sarmiento, que era un militar europeo extraviado en un continente que nunca comprendió; otros, por lo general argentinos, le atribuyen un acto de abnegación; otros de fatiga. Hay quienes hablan de la orden secreta de no sé qué logia masónica".
Incluso en marzo de este año el periodista colombiano Mauricio Vargas publicó su novela Ahí le dejo la gloria, en la que recrea lo que se dijeron, en medio de un ambiente de conspiración y traiciones, los dos grandes libertadores de Suramérica. Una de las virtudes de esta novela es que incorpora al texto la carta publicada por Lecuna en 1952.
La carta. Al contrario de todo lo dicho, la carta de Pérez muestra que el encuentro entre San Martín y Bolívar fue cordial. De igual manera la reunión no giró en torno de si Guayaquil debía ser independiente o anexarse a Colombia, sino al futuro de Perú. De hecho, el viejo general austral sabía que Bolívar y sus tropas habían ya resuelto esta discusión a su favor.
La otra sorpresa de la carta enviada a Sucre está en que los dos libertadores estuvieron en desacuerdo sobre el tipo de gobierno que debía regir en el Perú independiente. San Martín, según Pérez, se quejó "mucho del mando y sobre todo de sus compañeros de armas que últimamente lo habían abandonado en Lima.
Aseguró que iba a retirarse a Mendoza; que había dejado un pliego anexo para que lo presentasen al Congreso renunciando al Protectorado (de Lima) y que también renunciaría a la reelección que contaba se haría en él; que luego de ganar la primera victoria se retiraría del mando militar sin esperar a ver el término de la guerra; pero añadió que antes de retirarse pensaba dejar bien puestas las bases del gobierno, que no debía ser democrático porque en el Perú no conviene y dijo que debería venir de Europa un príncipe solo y aislado a mandar".
Bolívar se opuso y dijo que ni a América ni a Colombia le convenía introducir príncipes europeos, que eran ajenos a las masas y que se opondría a ello, salvo que el pueblo decidiera algo así. Frente a esta oposición y a la defensa que Bolívar hizo de la democracia y del Congreso de Angostura, San Martín dijo que el principado podría venir después.
San Martín elogió la idea de crear la Federación de los Estados Americanos, que Chile no tendría problema en entrar, pero sí Buenos Aires, y se ofreció a tramitar un arreglo de límites entre Colombia y Perú. Al final, tras ofrecer toda su ayuda en espera que Colombia hiciera lo mismo con Perú, el Protector dejó en claro que la reunión fue una visita sin carácter oficial y sin ningún objeto político y militar.
Tras su encuentro, a Bolívar le quedó claro que San Martín no tenía ni las fuerzas ni el apoyo militar para asumir la victoria final sobre los españoles, que tenían una fuerza importante en el virreinato más rico y contaban con una aristocracia poco afecta a las ideas republicanas. Como había que neutralizar esta amenaza, Bolívar decidió reclutar 4.000 nuevos hombres que se unieron al Ejército de 5.000 veteranos que había llevado, para ir al Alto Perú. Dos años después, y tras varias batallas, las de Ayacucho y Tumulsa pusieron fin a la guerra contra los españoles.
"La carta confirma la sospecha que existió siempre acerca de la posición monarquista de San Martín, algo que no era extraño si se tiene en cuenta el fracaso de los primeros años de la experiencia democrática en Argentina. Incluso Brasil y México decidieron experimentar el camino monárquico constitucional", dice Martínez.
La campaña del sur, al contrario de lo que se podría pensar, dejó más problemas que réditos. La Nueva Granada, Venezuela y las provincias del actual Ecuador tuvieron que financiarla a un alto precio para sus economías, lo que tuvo un precio para su estabilidad política. De hecho, la deuda de guerra causaría tensiones, enemistades y conflictos futuros entre Perú y Ecuador.
Lo paradójico de todo esto es que Bolívar promovería en Bolivia una constitución cesarista y permitiría que algunos de sus ministros hicieran gestiones preliminares para traer un príncipe francés para que gobernara a Colombia. Y que la gloria que supuestamente alcanzaría a liberar a la América hispana no fue mucha, pues al final de sus años terminó rechazado por los países que liberó.
En medio de todo lo que se ha escrito y especulado sobre lo sucedido en la entrevista de Guayaquil, la carta deja en claro, para decepción de los argentinos, y posiblemente para alegría de bolivaristas, que la expulsión de los españoles de Perú era para Bolívar, más que una cuestión de orgullo y de ansias de poder, un asunto de urgente estrategia militar. Porque la independencia que había logrado para Caracas, Nueva Granada y Quito estaba menos que asegurada.

Publicado en:
 http://sur.infonews.com/notas/la-cumbre-que-definio-america

Más información en:

 Entrevista. Armando Martínez Garnica
http://sur.infonews.com/notas/ecos-de-los-nuevos-documentos

 Entrevista. Santiago Cabrera. Profesor de Andina Simón Bolívar
 http://sur.infonews.com/notas/el-abrazo-de-guayaquil-ii