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sábado, 14 de noviembre de 2015

Chacarera para DANIEL SCIOLI y para mi hermosa PATRIA SOBERANA!


"Desde cuando la oveja lo vota al lobo"

 VER Y ESCUCHAR LA CHACARERA DEL PAÍS
MEJOR VOTALO A SCIOLI PA'PRESIDENTE

El patron va a trabajar con pala y todo
que son todo eso versos no seamos bobos
desde cuando la oveja lo vota al lobo

cuando vas por un camino presta atención
si ves color naranja es construccion
en cambio el amarillo es precaución

se dicen son el futuro y son el pasado
los mismos del descuento a los jubilados
paisano no lo dudes a Scioli votalo


Y seguro se asusta de las crueldades
que hicieron con nuestros viejos y laburantes
no es que ha sembrado el miedo son diez verdades

Pero cuando al dios mercado libre dejaron
al tipo de laburo desocuparon
y en el fondo del infierno nos enterraron


Pal otro que anda en duda que son lo mismo
se nota desde lejos como en los pingos
que uno es bien criollo y el otro es gringo

domingo, 25 de octubre de 2015

SCIOLI-ZANNINI PARA LA VICTORIA

MIRANDO HACIA ADENTRO apoya oficialmente la candidatura de Daniel SCIOLI y Carlos ZANNINI para la Presidencia y Vicepresidencia de la Nación, en las elecciones generales de hoy 25 de octubre de 2015.

#ScioliPresidente

#ScioliEnPrimeraVuelta

#KrisPasión

martes, 11 de agosto de 2015

LAS PASO 2015 Y LOS LÍMITES DE LA ALQUIMIA POLÍTICA, por Adrián Corbella








Analizar los resultados de una elección es una tarea más difícil de lo que parece. Si nos quedamos solamente con los porcentajes de los distintos candidatos, entendemos poco. Hay que comparar los resultados de las distintas categorías (presidente, gobernadores, intendentes, legisladores, etc.), cruzarlos con las elecciones locales, y ver la evolución respecto a comicios previos.
Los resultados de cada provincia muchas veces reflejan fenómenos locales irrepetibles, pero otras nos sirven para entender ciertas complejidades del voto de la gente, e intentar bosquejar los posibles resultados futuros.
Trataremos de analizar los resultados de las tres principales fuerzas políticas, en orden ascendente, y algunos curiosos fenómenos locales, que nos plantean diversos interrogantes.

El extraño efecto Massa

Sergio Massa, quien fuera Jefe de Gabinete de Cristina Kirchner en 2008, rompió con el FpV pocas semanas antes de las elecciones legislativas de 2013, acompañado por una nutrida tropa de intendentes y legisladores kirchneristas. Se presentó como candidato a diputado en la Provincia de Buenos Aires –que contiene el 38% de los votantes argentinos- logrando ganar la elección con un 43,95 % de los votos. Con este resultado en este único distrito pudo alcanzar el 20% de los votos a nivel nacional, lo que lo ubicó como un referente muy importante de la oposición.
Pasadas esas elecciones, el  Frente Renovador massista empezó a tejer alianzas en todo el país con dirigentes varios, a la vez que comenzaba una publicidad masiva, como si las elecciones fueran inminentes, que arrancó en esas elecciones y se prolongó hasta fines de 2014. Aunque de pasado y rasgos neoliberales, Massa se presenta como “peronista”, y de hecho su partido utiliza el escudo del Partido Justicialista –que no pertenece a su espacio- en su publicidad callejera en el conurbano bonaerense. Como alguna vez dijera el General Perón, “peronistas somos todos”. En realidad, el massismo presenta rasgos neomenemistas, y sólo puede ser visto como “peronista” por quienes ven esas características en el ex presidente oriundo de La Rioja.
En 2015 se produjo un derrumbe paulatino de la intención de votos del FR, seguido de la huída de muchos dirigentes que regresaron al FpV o ingresaron al PRO. Muchos pensaron que la candidatura de Massa estaba terminada. El tigrense insistió y logró un resultado mucho mejor al que muchos esperaban merced a una serie de aciertos y casualidades.
En primer lugar, fue un acierto la invención del espacio UNA, que aportó al ex intendente de Tigre un 6,5% a nivel nacional de votos  delasotistas en las PASO, y lo transformó en ganador de un espacio que obtuvo 20,5% de los votos –cuando en realidad Massa sólo tuvo un 14%-.
En segundo lugar, fue un acierto la candidatura de Felipe Solá a la gobernación de la Provincia de Buenos Aires, ya que es un hombre del peronismo y con arraigo por su pasado como Gobernador de la provincia en tiempos de Duhalde y de Néstor.
En tercer lugar, el massismo se ha transformado en refugio de huérfanos varios, lo que le permitió lograr entre un 10 y un 25% de los votos en muchas provincias (1). Votaron a UNA tanto peronistas disidentes con el FpV como quienes tenían como opción primaria partidos locales que no presentaron candidato a presidente propio. Así aparecen votando al UNA rionegrinos de “Juntos somos Río Negro”, neuquinos del MPN, santafesinos del FPCyS y porteños de ECO.
En cuarto lugar, el giro “Nac & Pop” del macrismo tras las elecciones locales porteñas atrajo hacia el massismo a algunos electores ultraopositores que miraron con desconfianza las veleidades “populistas” del ex presidente de Boca Juniors.
De aquí a octubre el massismo enfrenta varios desafíos, el primero de los cuales es retener los 1,4 millones de votos obtenidos por el cordobés José Manuel De La Sota, que al perder con Massa ha quedado fuera de competencia. Estos votantes le serán disputados por Scioli, Rodríguez Saa y Macri.  El tigrense parece tener un techo más alto que Macri, pero tiene un votante más volátil, menos fiel, más fácil de perder. Los únicos votantes que Sergio Massa puede considerar como más o menos “seguros” son los 1,5 millones de votantes de Felipe Solá en la Provincia. En cambio los votantes delasotistas, los peronistas disidentes del interior y los huérfanos de fuerzas varias pueden salir con tanta facilidad como entraron.
Daría la impresión de que el massismo no tiene techo, pero tampoco piso…

El techo del voto amarillo

“Cambiemos” ha sido un intento de unificar un partido de derecha neoliberal como el PRO, con los jirones de la más que centenaria UCR, partido dominado por una dirigencia conservadora no muy alejada ideológicamente de los amarillos. El 30% de votos a nivel nacional alcanzado por “Cambiemos” refleja que esto en buena medida se ha logrado, pero parece haber indicios de que el voto macrista ha encontrado un techo en torno a esas cifras, si tenemos en cuenta algunos datos tanto de las PASO nacionales como de las elecciones locales porteñas.
Las elecciones de CABA (Ciudad Autónoma de Buenos Aires) parecían auspiciosas: el PRO salió primero con 45,5 % de los votos; ECO –casi una colectora de los amarillos impulsada por Carrió y la UCR- obtuvo el segundo puesto, y el FpV quedó relegado a un tercer lugar con menos del 20% de los sufragios. “Cambiemos” lograba en la capital de Argentina más del 70% de los sufragios.
El ballotage porteño trajo la primera señal de alarma: Horacio Rodríguez Larreta estuvo a 54.000 votos de perder el distrito base del PRO a manos de su propia colectora. El voto capitalino se polarizó en contra del PRO, y el partido amarillo fue salvado del desastre por 66.000 personas que votaron en blanco o impugnaron -106 mil en total, frente a 40 mil de la elección anterior-.
En las PASO nacionales producidas el domingo, “Cambiemos” logró en CABA apenas 49% de los votos –frente a 71% de la elección local-, y la fórmula encabezada por Macri obtuvo 111.000 votos MENOS que los obtenidos poco antes por Rodríguez Larreta (2). Los votantes del candidato de ECO en la ciudad, Martín Lousteau, no votaron ni a Macri, ni a Sanz ni a Carrió. Se inclinaron por Massa y Stolbizer, de otros espacios. Esto indica que hay un porcentaje importante del electorado que rechaza al líder amarillo, y busca alternativas a él (ayer Lousteau, hoy Massa y Stolbizer, en octubre veremos a quien). El fenómeno no es sólo capitalino: esos descontentos tanto con el FpV como con el PRO explican el crecimiento de Massa en el interior, lo que le permitió al tigrense compensar su monstruosa pérdida de votos en la Provincia (2013; 44 % ; 2015: 21 %).
Las actuales tribulaciones del PRO muestran que la alquimia política de hechiceros como Jaime Durán Barba tiene sus límites. Es imposible que una fuerza política que ha sido opositora serial durante una década y ha hecho de la palabra “cambio” su caballito de batalla discursivo, diga de un día para otro que no piensa cambiar demasiadas cosas, que sólo mejorará lo realizado, y no pague un alto costo electoral por ello.


Algunas anomalías locales que ponen en entredicho la “Grieta”:

Es interesante destacar algunos resultados provinciales que muestran que entre oficialistas del kirchnerismo y opositores a él hay una ancha avenida de posiciones no tan definidas, cambiantes, que a veces juegan para un lado y otras para el otro.
Entre ellos se destaca el caso de RÍO NEGRO, provincia en la cual para la categoría de Presidente los resultados fueron de 44,62 para el FpV, 22,70 para Cambiemos y 21,40 para UNA. Sin embargo, en la categoría Diputados Nacionales la Alianza Frente para la Victoria alcanza el 60,19% absorbiendo votos "opositores" de UNA. Lo mismo sucede en el Parlasur regional donde trepa al 61,11%. Es decir que en el mismo sobre algunos rionegrinos pusieron la boleta presidencial “opositora” de UNA con los diputados y legisladores comunitarios “oficialistas” del FpV.
Otro ejemplo interesante es CORRIENTES, en cuyas elecciones locales una alianza "opositora" encuadrada por el radicalismo y aliada a Massa ganó por el 50% de los votos frente al 33% del kirchnerismo, pero en la Presidencial Scioli obtuvo el 50,24%, Cambiemos el 29,48 % y UNA apenas un 16,08 %. O sea que algunos de esos "opositores" no lo eran tanto.
En las elecciones locales de MENDOZA, una alianza que integraba a radicales, amarillos, massistas, socialistas y demócratas mendocinos (los famosos “gansos”) se impuso 46 a 40 al peronismo unido. En las PASO, estas dos formaciones perdieron votos: el FpV salió segundo con 33,20 %, derrotado por “Cambiemos” con 36,11 %. Los votos perdidos por ambas formaciones fueron a parar a Rodríguez Saa (5,20 %) y el massismo (13,28 %).
Finalmente, otro caso extraño es Santa Fe, cuya elección local terminó hace un par de meses casi en un triple empate entre el Frente Progresista Cívico y Social (30,7%), el PRO (30,6 %) y el Frente Peronista para la Victoria (29,1 %). El FPCyS, la fuerza del finalmente triunfante Miguel Lifschitz, no presentó candidato propio en estas PASO, ya que los socialistas apoyaban en teoría al líder del GEN, Margarita Stolbizer, y los radicales a las fórmulas de “Cambiemos”. Por lo tanto el voto del socialismo santafesino se disgregó. El ex gobernador Hermes Binner, candidato a Senador, salió cuarto con apenas 13 % de los sufragios. Para la elección presidencial, los votos socialistas se disgregaron entre el FpV (32,95 %), Cambiemos (31,92 %), y UNA (22,14 %) quedando para el candidato “propio” (¿?), Margarita Stolbizer de “Progresistas”, apenas un 6,19 %. La mayor parte de los votos fueron a UNA (Massa y De La Sota) que subió más de 15 puntos, opción fácil porque no implicaba votar a ninguno de los rivales en la elección anterior. Cabe señalar que en la elección para Senadores nacionales el FpV trepó al 34,3 % y en la del Parlasur al 35%.

Las fortalezas del FpV

Hay muchas maneras de interpretar el 38,41 % obtenido por la fórmula kirchneristas Scioli-Zannini. Si lo comparamos con el 54 % obtenido por CFK en 2011, o el 45 % de 2007, parece poco, aunque la sensación cambia si lo comparamos con el cerca de 33 % de 2009 o 2013, y más aún con el cerca de 25% de intención de votos que varias encuestadoras le daban al FpV en febrero de este año.
Independientemente de los términos de comparación que elijamos, ese porcentaje tiene fortalezas que no se ven a primera vista. La fórmula Scioli-Zannini, con ese 38,4 %, quedó a 2% de ganar en primera vuelta. Quedó a 8,3 % de los votos de “Cambiemos”, a 14 % de los votos de Mauricio Macri, a 18 % de UNA, y a 24 % de Sergio Massa.
Esos votos obtenidos por Scioli, que ganó en todas las “provincias” excepto en 4 (Córdoba 14,66 %; San Luis 19,58%; CABA 23,25 % ; Mendoza 33,2 %), son votos propios del FpV, que difícilmente pierda de acá a octubre, y tiene por el contrario diversas expectativas de crecer desde ese 38% consolidando cifras que le permitan una sólida victoria. La fórmula del ex motonauta logró 66,03 % en Santiago del Estero; 60,14 % de Formosa, 57,44 % en Misiones; 57,14 % en Tucumán; 54,65 % en Chaco; 54,48 % en San Juan; 51,59 % en Catamarca; 50,24 % en Corrientes; 47,32 % en Chubut; 47,02 % en Tierra del Fuego;  44,62% en Río Negro; 44,35 en Santa Cruz; 43,80 % en Salta; 41,68 % en Jujuy;  40,58 % en La Rioja; 39,84 % en La Pampa; 39,5 % en Buenos Aires; 39,45 % en Entre Ríos; 35,63 % en Neuquén y 32,95 % en Santa Fe. Cifras evidentemente menores a las de 2011, pero de cualquier manera importantes.
La estrategia del kirchnerismo puede orientarse, desde lo institucional, a realizar acuerdos electorales con referentes de fuerzas locales huérfanas de candidatos propios -como Weretilneck (3), Sapag o Schiaretti (4)- y desde lo político a reforzar la imagen de Daniel Scioli como continuador del modelo, hombre moderado, y cabeza de la fórmula peronista más fuerte.


Adrián Corbella,
11 de agosto de 2015


NOTAS:

(1)   : Ver por ejemplo algunos porcentajes alcanzados por UNA en diversas provincias:  Córdoba 39%, Salta 28%, Jujuy 27%, La Rioja 24%, Neuquén y Santa Fe 22%, Río Negro, Tierra del Fuego, Buenos Aires, Santa Cruz y San Juan 21%, Chubut 19%, Entre Ríos y Formosa 18%, La Pampa, Corrientes y Tucumán 16%, Santiago del Estero 15%, Misiones 14%, Mendoza. Chaco, Catamarca y CABA 13%, y San Luis 6 %.


(3)   : Ver por ejemplo en diario “Río Negro” la nota “Weretilneck, cada vez más cerca de Scioli” del 11-08-15 http://www.rionegro.com.ar/diario/weretilneck-cada-vez-mas-cerca-de-scioli-7884917-9701-nota.aspx



(5)   : Las cifras de esta elección pueden verse en http://www.resultados.gob.ar/web/dat99/DPR99999A.htm


martes, 23 de junio de 2015

EL MISTERIOSO SEÑOR SCIOLI, por Adrián Corbella





REFLEXIONES EN VOZ ALTA DE UN MILITANTE



Debo confesar que nunca me gustó Daniel Scioli. Siempre le tuve desconfianza. Allá lejos y hace tiempo, en 2003, un amigo lo definió de una forma que me sigue pareciendo excelente. Mi amigo Gerardo, me dijo : “Daniel es un liberal macanudo”. Yo lo veía como un aliado táctico, como lo fueron en su momento Eduardo Duhalde, Martín Redrado, Felipe Solá, Graciela Ocaña o Alberto Fernández. Los aliados tácticos, en algún momento, se van y siguen su propio camino…

Nunca pude entender a Scioli. Siempre me confundió, me desconcertó, Me enojé cada vez que concurría al “Coloquio de IDEA”, cada vez que aparecía en un programa del “Grupo Clarín”, cada vez que se sacaba fotos con referentes opositores.

Muchas veces temí que diera el portazo en el peor momento, y se alejara denunciando a diestra y siniestra, como lo hicieron otros, como lo hicieron tantos, incluso algunos que parecían ideológicamente más afines (como Miguel Bonasso o Victoria Donda).

Temí que nos dejara en 2008, en el año del golpe agro-mediático. Pero Scioli permaneció con nosotros.

Pensé que se iba tras las elecciones de 2009, cuando De Narváez le ganó a Néstor en la Provincia de Buenos Aires y muchos pensaban que era el fin de todo, el famoso “Fin de Ciklo” tantas veces anunciado. Pero Scioli siguió firme, “como rulo de estatua”.

Temí que diera el portazo tras la muerte de Néstor, en 2010, como hicieron Hugo Moyano, Julio Piumatto y otros dirigentes sindicales. Pero no. Siguió ahí, como siempre.

Imaginé que haría “la Gran Massa” en 2013… y en cambio lo ví vestido de bombero y con la manguera en la mano.

¿Quién es realmente Daniel Osvaldo Scioli? ¿Es el que va a eventos de Clarín o al programa de Mirtha Legrand o es el que estuvo en 678 y nos acompañó en todos los temporales? ¿Es el que escucha a Blejer y Bein o el que habla maravillas de Kicillof?... Realmente no lo sé…

¿Puede verse como “táctico” a un aliado que ya lleva más de doce años con nosotros?... Después de tanto tiempo… ¿No sería más bien un aliado “estratégico”? ¿No es ya parte de nosotros?...

Me desorienta Daniel Osvaldo Scioli. Reconozco mi incapacidad para comprenderlo. En cambio no me desorienta Cristina Fernández de Kirchner. Llevo más de una década confiando en ella, y nunca me ha defraudado. Si Cristina apuesta por él, debo al menos darle al motonauta el beneficio de la duda.

La jugada de Cristina fue muy clara:  sale Randazzo, entra Zannini. Puso en cancha al hombre de más confianza de la familia Kirchner en los últimos treinta años. Con ese gesto ella se puso la candidatura de Scioli sobre los hombros.

Zannini no está para “vigilar a Scioli”, como dicen algunos. Lo dijo con mucha perspicacia Dante Augusto Palma hace algunos días: Zannini es un mensaje para nosotros, los militantes. Nos indica claramente las intenciones de la Presidenta, nos dice dónde ella “puso los porotos” en esta elección.

Además de la nota de Palma, también me dejó pensando un artículo impactante de Mariana Moyano, “Sapos y vidrios”, con el que me siento plenamente identificado. La panelista de 678 resume la cuestión con una frase simple pero concluyente: “Me voy a tragar un sapo, porque no como vidrio”.

El partido ya comienza. Hay que sacar el equipo a la cancha, para empezar a jugar.

Somos el Frente para la Victoria.

Hay que ganar.



Adrián Corbella

23 de junio de 2015

domingo, 21 de junio de 2015

LA DECISION, por Adrián Corbella





El Frente para la Victoria siempre ha sido una fuerza de composición muy diversa. Institucionalmente, confluyen en él el Partido Justicialista y una docena de partidos más, más varias decenas de fuerzas provinciales. Desde un punto de vista más humano, hay un tronco central muy fuerte proveniente del peronismo, sobre todo de sus sectores más cercanos a los ideales del primer peronismo, junto a sectores nada desdeñables que proceden de diversas fuerzas de izquierda, del radicalismo e independientes. A esta segunda columna del kirchnerismo podría definírsela como “progresista de centro-izquierda”.
Ambos sectores, el peronista y el que no lo es, forman ese núcleo duro del FpV que acompañó a Néstor y Cristina Kirchner en todos estos años, incluso en las flojas elecciones legislativas del 2009 y 2013 –donde se obtuvieron cifras cercanas al 34% de los votos-.
Los votos obtenidos en las elecciones presidenciales, en cambio, fueron mayores (45% en 2007; 54% en 2011) pero allí se sumaron a los votantes kirchneristas habituales otros votantes, menos definidos ideológicamente, que decidieron apoyar en esa instancia, pero que repiensan su voto en cada elección. Estos votantes fluctuantes, grises, “ni” (ni oficialistas ni opositores) pertenecen en muchos casos a sectores del peronismo que no apoyan plenamente el modelo, o son independientes sin partido fijo.
El escenario que dejaron las elecciones legislativas de 2013 fue el de una sangría de votos peronistas que salieron del FpV para sumarse a otras propuestas, como el Frente Renovador de Sergio Massa. En 2015, y más allá del debilitamiento del massismo en estos últimos meses, se ha mantenido esa dispersión del voto peronista entre distintas expresiones electorales. Aunque el sector más numeroso del peronismo sigue perteneciendo al FpV, hay sectores peronistas importantes en el Frente Renovador de Massa, son peronistas de origen los seguidores de los hermanos Rodríguez Saa y del gobernador cordobés De La Sota, y hasta hay dirigentes de origen peronista en “Cambiemos” (Ritondo, Santilli, Reutemann). Estamos definiendo aquí como “peronista”  a aquel que ha tenido una pertenencia prolongada al PJ, más allá de que algunos presenten ciertas excentricidades ideológicas.
Las últimas encuestas nacionales coinciden en otorgar entre un 35 y un 38% de la intención de votos al FpV, y entre un 29 y 31% a la alianza encabezada por el PRO. Es decir que entre las dos fuerzas principales suman cerca de un 70% de los sufragios. El otro 30% se divide entre la extrema izquierda (5% aproximadamente), la centroizquierda de Stolbizer (de 5 a 7%) quedando cerca de un 20% en manos de diversas fuerzas “peronistas” o filoperonistas, como son las conducidas por Sergio Massa, Adolfo Rodríguez Saá y José Manuel de la Sota.
El FpV necesitaría  aumentar su caudal electoral en cerca de un 10 o 15 por ciento para lograr una victoria cómoda en primera vuelta. Es evidente que estos votos no van a conseguirse ni entre los votantes de “Cambiemos”(PROradicalismo) ni en el “Frente de Izquierda y de los Trabajadores” (FIT) que son, por motivos diversos, los más duramente opositores. Pueden conseguirse algunos votos en el espacio de Stolbizer -que tiene sectores filokirchneristas en el socialismo santafesino- pero el espacio al que el FpV apunta claramente es a ese 20% de votos más o menos peronistas que se han dispersado en diversas propuestas.
En este marco hay que ubicar toda la estrategia de campaña diseñada por Cristina Fernández de Kirchner en este año. Primero se lanzaron media docena de precandidaturas presidenciales con perfiles muy diversos, algunos incluso ubicados a la izquierda de CFK (Jorge Taiana). Primero se bajó Julián Domínguez, que medía muy poco. Luego, Cristina pidió “un baño de humildad”, y generó que los 4 candidatos más cercanos ideológicamente a ella se bajaran en rápida sucesión (Aníbal Fernández, Sergio Urribarri, Jorge Taiana y Agustín Rossi). Hay que reconocer que los cuatro, sumados, tenían una intención de votos que no llegaba a los dos dígitos.
Quedaron el Gobernador de Buenos Aires, Daniel Scioli, y el Ministro Florencio Randazzo, ambos hombres del PJ de la Provincia de Buenos Aires, y por ende buenos candidatos potenciales para recuperar votos peronistas del massismo, que tiene el grueso de los votantes en esa provincia.
La idea de la Presidenta era mantenerse ajena a la interna, y luego apoyar al vencedor. Una interna enfrenta no a enemigos sino a rivales de un mismo espacio político. Se supone entonces que al terminar, todos marchan juntos detrás del vencedor.
Ambos candidatos tenían sus puntos fuertes y sus debilidades. Scioli fue vicepresidente de Néstor Kirchner en 2003-07, y luego gobernador de la provincia de Buenos Aires (2007-15), en la administración de la cual tuvo sus claroscuros. Tiene un estilo político moderado, y veleidades liberales que molestan a muchos sectores del kirchnerismo más duro. Su entorno incluye a personajes que preocupan a mucha gente, como su hermano José “Pepe” Scioli –que estuvo contra el FpV en 2009- y a los economistas Mario Blejer y Miguel Bein, que no son neoliberales duros, pero tampoco son heterodoxos. Fue un firme sostén del gobierno en momentos difíciles, como fueron la crisis agromediática de 2008 y las complejas elecciones de 2009 y 2013. Y tiene una excelente imagen entre los dirigentes del peronismo de las diversas tendencias, incluyendo a Gobernadores e Intendentes.
Randazzo tenía a su favor sus buenos desempeños ministeriales, primero en Interior, y luego al frente del exitoso proceso de reconstrucción del sistema ferroviario nacional. También gozaba de muy buena imagen en sectores independientes y en el kirchnerismo más duro, más de izquierda. Pero adolecía de un defecto: nunca ha ocupado cargos ejecutivos electivos, ni como Intendente ni como Gobernador.
Reducidas las precandidaturas a dos, Cristina mantuvo su estrategia de neutralidad: ambas representaban al FpV y los ciudadanos deberían decidir con su voto cuál sería la triunfante. Mantuvo esta actitud en un contexto en el que todas las encuestas daban como cómodo ganador a Scioli.
Entonces algo empezó a salirse de los planes previstos. Randazzo adoptó una actitud agresiva hacia Scioli, presentándose como el único candidato K, y acusando a su rival de ser un infiltrado clarinista. Incluso tuvo choques desagradables, rozando lo personal, con el gobernador bonaerense, con la esposa de éste, y con otros dirigentes. La interna comenzó a recalentarse, y a adquirir un tono desagradable. Las pasiones crecieron, claramente debido a la estrategia del randazismo. Esto puso a la Presidenta en una situación compleja, porque si mantenía su neutralidad generaba varias consecuencias negativas.
En primer lugar, aparecía avalando las denuncias de Randazzo, cuando para ella ambas candidaturas pertenecían al FpV.
En segundo lugar, se corría un serio riesgo de partir por la mitad al kirchnerismo, y que luego de las PASO los perdedores no votaran al ganador.
En tercer lugar, y pese a que ambas candidaturas la representaban, corría el riesgo de quedar en la posición de “perdedora” en una interna de la que no había participado.
En este escenario llega la decisión que era lógica, aunque sorprendió a muchos. La interna recalentada debía terminarse, y la manera más simple de hacerlo era avalar al candidato que estaba ganando según las encuestas, que era además el que había mantenido la campaña en el marco señalado por la jefa del espacio.
Jamás sabremos de quien fue la iniciativa de nombrar a Carlos Zannini como vicepresidente de la fórmula de Scioli. Pero fue una jugada de jaque mate, porque el Secretario Legal y Técnico de la Presidencia es la persona que no se apellida Kirchner  de más confianza de la Presidenta (como fue antes de su esposo).
Dicen que nadie le pidió a Randazzo que se bajara. No hacía falta. El lo dijo claramente 48 horas después en su tuiter “competir contra Zannini era competir contra Cristina”, y reafirmó su apoyo a las decisiones presidenciales, aunque el día anterior había dado mensajes menos concluyentes.
Las dificultades que mostró Randazzo para asumir la nueva situación, y las airadas reacciones de muchos de sus potenciales votantes, son la mejor explicación de porqué CFK decidió dar por finalizada la interna presidencial. En una elección casi definida, las pasiones se estaban exaltando, el recalentamiento era cada vez mayor, y las consecuencias de seguir la conflictividad creciente hasta el 9 de agosto hubieran sido, probablemente, muy negativas para las posibilidades electorales del FpV.
Florencio Randazzo es un muy buen cuadro político, que puede exhibir diversos logros en su accionar en estos años. Sin embargo, en la interna del FpV equivocó el camino. La paradoja es que fue justamente el anti-sciolismo extremo del ministro lo que casi obligó a Cristina Fernández de Kirchner a apoyar a su rival, Daniel Osvaldo Scioli. Dos más dos sólo es cuatro en las matemáticas; en política, las cosas son siempre más complejas…

martes, 19 de mayo de 2015

UN TETRYS PARA LA VICTORIA, por Adrián Corbella




A casi 70 años de la elección que consagró a  Perón como Presidente de Argentina, y a más de 40 años de su muerte, en Argentina se da la paradoja de que mientras que muchos siguen sin aceptar –ni digerir- lo que fueron y representaron Juan Domingo Perón y María Eva Duarte de Perón en la historia argentina, hoy la mayoría de los partidos políticos incluyen a dirigentes que son, fueron o dicen que son peronistas.
El Frente para la Victoria (FpV) tiene formalmente al PJ (Partido Justicialista) en su interior, y contiene una mayoría de dirigentes indudablemente peronistas.
El Frente Renovador (FR), si bien tiene un líder de origen liberal, e incluye dirigentes de historias diversas, incluye una multitud –menguante- de dirigentes peronistas, muchos de los cuales apoyaban al FpV hasta 2013.
El PRO (Propuesta Republicana) finalmente, fuerza neoliberal muy alejada del peronismo tradicional –no tanto de su versión noventista menemista- incluye algunos dirigentes de origen peronista como Ritondo o Santilli, y tiene una línea interna llamada “properonismo”. Incluso su líder, Mauricio Macri, que está ubicado en las antípodas ideológicas del peronismo, dijo hace algunas semanas muy suelto de cuerpo que él estaba de acuerdo con todo lo que había hecho Perón…
Por fuera o por dentro de este universo quedan dirigentes que juegan su propio juego, pero que son clara o no tan claramente de raigambre peronista, como Eduardo Duhalde, Mario Das Neves, los hermanos Adolfo y Alberto Rodríguez Saá, José Manuel De La Sota, y personajes aún más exóticos como el empresario Francisco De Narváez, que siempre dice que es peronista –él sabrá porqué… el carácter peronista del “Colorado” es un misterio insondable que los simples mortales sólo podemos entender con la ayuda divina-.
Esto parece confirmar una vieja afirmación del General Perón, a quien le hicieron una entrevista cuando vivía exiliado en España, y ante la pregunta de cuántos peronistas había en Argentina contestó, medio en broma y medio en serio: “peronistas somos todos”…
Este fenómeno genera una realidad palpable en muchas elecciones argentinas: cuando un porcentaje mayoritario de ese numeroso conglomerado panperonista marcha unido detrás de un mismo candidato, la victoria del mismo es prácticamente inevitable.
El FpV, es decir el kirchnerismo, es una fuerza con un tronco mayoritario peronista, al que se han sumado sectores –de una magnitud nada despreciable- de carácter “progresista” provenientes de la izquierda clasista, del socialismo, de movimiento sociales, del radicalismo e independientes. Ambos sectores, los peronistas y los que no lo son, constituyen en conjunto un núcleo “duro” de un 30 a 35% del electorado, que vota consecuentemente a los candidatos del FpV en todas las elecciones. Es el sector que votó al kirchnerismo en las difíciles elecciones legislativas de 2009 y 2013 –en ambas cerca del 34%-.
A ese núcleo sólido se sumaron, en las elecciones presidenciales, sectores que no son kirchneristas duros, sino más bien independientes y peronistas no demasiado K, que a veces acompañan y otras no, y permitieron alcanzar 45% en 2007 y 54% en 2011.
Muchos de estos sectores “grises”, fluctuantes, que eligieron a De Narváez en 2009 y a Massa en 2013, pero votaron a Cristina Fernández de Kirchner en 2011, están volviendo a mirar con simpatía al FpV al irse deshilachando a ojos vista de candidatura del ex intendente de Tigre.
El votante de Macri, por el contrario, tiene un perfil más puramente opositor, a veces fanáticamente opositor; vota siempre en contra y nunca ve como alternativa al FpV.
La oposición argentina no constituye un bloque electoral con objetivos claros y compartidos, pues comprende una multitud de partidos de perfiles muy distintos. Generalmente coinciden en su  oposición sistemática a todo, pero si tuvieran que tomar decisiones estando al frente del gobierno, se dividirían en una pléyade de sectores distintos, y seguramente se terminaría imponiendo el núcleo duro neoliberal que desea volver a los ’90 y a sus políticas de endeudamiento permanente y creciente:  concentración de la riqueza, recesión y destrucción del aparato productivo y del tejido social, políticas que llevarían inexorablemente a otro 2001, seguramente peor que el ya vivido…
El kirchnerismo necesita para ganar en Octubre, sumar a su piso electoral un porcentaje significativo de votantes que vengan de fuera de ese núcleo duro, como logró hacerlo CFK en las dos últimas elecciones presidenciales.
Hoy el FpV está buscando un candidato que continúe con las transformaciones que se han llevado adelante y que pueda lograr lo que ha logrado Cristina en dos oportunidades: atraer a la vez al núcleo “K” paladar negro y a sectores que no lo son, pero que frecuentemente han acompañado.
Hace algunos meses, el kirchnerismo lanzó media docena larga de precandidaturas presidenciales. Las tres que representaban a ese kirchnerismo duro (Rossi, Taiana, Urribari) medían muy poco. Lo mismo le pasó a Aníbal Fernández, quizás la síntesis perfecta entre el kirchnerismo paladar negro y el peronismo tradicional. Pero Aníbal, pese a sus múltiples virtudes, se vio perjudicado seguramente por el duro rol que ha cumplido en estos años, siendo el encargado de levantarse todos los días y enfrentar las impiadosas acometidas mediáticas contra el gobierno. Y si bien Aníbal, polemista brillante, lo hizo con una enorme eficiencia, su figura quedó asociada para muchos –injustamente- más con la controversia que con la construcción.
Los dos que han llegado al final de la carrera y que disputarán por un lugar en las PASO, tienen aspectos que los asimilan y otros que los diferencian. Ambos son hombres del PJ bonaerense, y ambos comenzaron a hacerse visibles en la política argentina en la década del ’90, en los peores tiempos del peronismo (Scioli con más figuración que Randazzo en esos tiempos).
Scioli puede esgrimir sus ocho años de gobierno en la mayor provincia argentina (en la que tuvo, hay que reconocerlo, sus pros y sus contras).
Randazzo mostrará su gran labor en la reconstrucción del sistema ferroviario estatal, y otros éxitos en tareas de rango ministerial, pero se le echará en cara el no haber ocupado nunca un cargo ejecutivo importante.
Ninguno de los dos representa cabalmente a los sectores del kirchnerismo duro, a aquellos que sueñan con un capitalismo keynesiano (y peronista) , con un Estado fuerte, regulador e intervencionista, o a aquellos que ven con simpatía el “socialismo del siglo XXI” del chavismo.
Randazzo parece más cercano a ese modelo, aunque no lo representa plenamente. Scioli parece mucho más alejado, y genera desconfianza en sectores que le reprochan su moderación y su concurrencia a eventos como el coloquio de IDEA, u otros organizados por el Grupo Clarín. Desconfianza que no impide reconocerle que, siempre que hubo un incendio (2008, 2009, 2013) se lo vio al ex motonauta vestido de bombero y con la manguera en la mano.
Si Randazzo tiene una imagen mejor hacia adentro del núcleo duro K, Scioli tiene mayor potencial para captar votos de afuera, por su buena imagen entre el peronismo refractario al kirchnerismo, entre los votantes independientes, e incluso entre la propia tropa kirchnerista de gobernadores, intendentes y dirigentes sindicales.
El nuevo presidente, si es como parece que será del FpV, deberá afrontar una situación en la cual el líder ideológico y político del espacio no será el Presidente de la Nación.
Por eso el mejor candidato del FpV será aquel que mejor cumpla con cuatro condiciones. En primer lugar, poder ser el jefe institucional del país teniendo en paralelo un líder partidario que seguramente no ocupará cargos relevantes a nivel nacional. En segundo lugar, mantener unido, en la mayor medida posible, al núcleo duro de votantes kirchneristas que vienen acompañando a este proyecto político desde 2003. En tercer lugar, encolumnar a la mayor parte del PJ tras un proyecto nacional común. Y finalmente, atraer votos externos, fluctuantes, “grises”, cuyo perfil ideológico es difuso.
No será una tarea fácil. Ni para el que resulte elegido ni para nosotros, que definiremos con nuestro voto esa elección

Adrián Corbella
19 de mayo de 2015