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martes, 1 de abril de 2014

El padre de todos los golpes en Latinoamérica, POR Eduardo J. Vior (para "Miradas al Sur" del 30-03-14)


Miradas al Sur. Año 7. Edición número 306. Domingo 30 de Marzo de 2014
Por imitación, o por reacción, el modelo de la dictadura brasileña influyó perdurablemente en los países del subcontinente.
En 1964 Brasil no estaba en crisis económica. El problema de Brasil era el populismo, que es la antesala del comunismo. Nuestro objetivo era entonces destruir al populismo, para frenar al comunismo. La base del populismo estaba constituida por los grandes sindicatos de masas que se nutrían de la industrialización sustitutiva de importaciones que reunía grandes masas de trabajadores en las fábricas. Por consiguiente, había que destruir la industria sustitutiva de importaciones, para disolver las concentraciones de masas, dominar al sindicalismo y destruir al populismo, para prevenir el comunismo” (Roberto de Oliveira Campos, ex ministro de Planeamiento de Brasil entre 1964 y 1967, en Brasilia en mayo de 1985 en diálogo con el autor).
Cuando el derrocado presidente João Jango Goulart el 2 de abril de 1964 cruzó fugitivo la frontera uruguaya, ninguno de los actores principales del drama brasileño previó las transformaciones que se iniciaban en toda América del Sur. Para la mayoría de los golpistas se trataba de restaurar el poder conservador modernizándolo. Las oposiciones vieron en el golpe sólo la culminación de los once intentos que se sucedieron desde el fin de la Segunda Guerra Mundial.
La estrategia nacional e internacional de la contrarrevolución fue ideada y desarrollada por Golbery do Couto e Silva (1911-87). Durante su revista en el Estado Mayor de la Fuerza Expedicionaria Brasileña (FEB) en Italia en 1944/45 –en la que sirvieron los oficiales que condujeron el golpe de 1964– y gracias a su estrecha cooperación con el mayor Vernon Walters, oficial de enlace del 5° Ejército norteamericano, desarrolló sus vínculos con el espionaje de Estados Unidos y su visión de la guerra total. Cabe señalar que V. Walters fue agregado militar de la embajada estadounidense en Brasil entre 1962 y 1967 desde donde preparó la intervención de la IV Flota de Estados Unidos en caso de guerra civil.
En 1952 Golbery comenzó a servir en la Escuela Superior de Guerra (ESG, fundada en 1949) como director de su Departamento Internacional. Bajo su influencia, los cursos en la ESG se orientaron en tres direcciones: crear una elite tecnocrática cívico-militar, desarrollar la Doctrina de la Seguridad Nacional (DSN), pensada por el mismo Golbery, y diseñar la estrategia geopolítica de Brasil. Ésta se hizo pública en 1966 en el libro Geopolítica del Brasil. En la obra, Golbery concibe a Brasil como un archipiélago de siete islas cuyo aislamiento aprovechaban los enemigos del país, particularmente “la subversión comunista” –que podría hacerse fuerte en el Nordeste– y Argentina –que amenazaba el escudo riograndense. Según el autor, la expansión de la infraestructura y las comunicaciones servía al desarrollo económico y éste a su seguridad nacional, proyectando el poder de Brasil sobre los países vecinos.
Primero Paraguay. La geoestrategia de Golbery se implementó primero en la relación con Paraguay. Como el presidente Alfredo Stroessner (1954-89) había estado adscripto al Estado Mayor del Ejército brasileño entre 1940 y 1941, desde el golpe de 1964 se estrecharon los vínculos, para sacar a Paraguay de la órbita argentina. Brasil y Paraguay compartían intereses en la frontera del Río Paraná, aunque litigaban por el límite. Desde la Guerra de la Triple Alianza (1865-70), el Este de Paraguay estaba prácticamente despoblado y servía de base a las guerrillas contra Stroessner. Brasil, en tanto, quería vincular la faja de frontera al resto del país. Por eso ambos estados fomentaron la colonización de la zona y estudiaron el potencial energético de la región hasta firmar en 1972 el Tratado de Itaipú, que regló la construcción de la segunda represa más grande del mundo y la entrada en Paraguay de cientos de miles de colonos brasileños.
Si bien Brasil no intervino en el golpe que en noviembre de 1964 depuso al presidente boliviano Víctor Paz Estenssoro (1952-56 y 1960-64), introdujo posteriormente colonos brasileños en el Oriente y usó la represión de la guerrilla del Che Guevara en 1967 para aliarse con las fuerzas armadas bolivianas, lo que daría sus frutos durante la presidencia de Hugo Bánzer (1971-78).
Mientras que durante el gobierno de Humberto Castelo Branco (1964-67) el alineamiento con Estados Unidos fue total, en las presidencias posteriores de Artur da Costa e Silva (1967-68), Emilio Garrastazu Médici (1969-74) y Ernesto Geisel (1974-78) las necesidades del desarrollo económico concentrado y la preponderancia de sectores nacionalistas dentro del Ejército y la Fuerza Aérea llevaron a diferenciaciones y choques, como sucedió cuando Brasil firmó el acuerdo nuclear con Alemania Federal en 1975. A partir de 1967 la política exterior brasileña combinó la colaboración con Washington en la lucha contra las guerrillas dentro y fuera del país con la prosecución de la propia estrategia en la región y en el Atlántico Sur.
La extensión de la DSN y la imitación del modelo autoritario burocrático indujeron al Ejército Argentino a reproducir la experiencia en 1966, con la intención de frenar la influencia brasileña sobre Paraguay y Uruguay, donde la presión combinada de EE.UU. y Brasil llevó en 1967 a la instauración de las “Medidas Prontas de Seguridad”, antecedente inmediato del golpe de estado de 1973.
Además de la intervención en la guerra civil en la República Dominicana bajo el mando norteamericano en 1965, el modelo brasileño influyó sobre gobiernos civiles como el venezolano y el colombiano, que en la década de 1960 enfrentaban movimientos guerrilleros, en la reacción defensiva de la Revolución Peruana de Juan Velasco Alvarado (1968-75) y en el gobierno militar ecuatoriano de Guillermo Rodríguez Lara (1972-79).
Golbery estuvo alejado del gobierno entre 1967 y 1974 y enfrentado con el sector duro del Ejército por la política represiva que éste implementó contra la guerrilla urbana y rural y la oposición civil a través de las actas institucionales, la tortura y el exilio. Sin embargo, al asumir como jefe de la Casa Civil de la Presidencia bajo Ernesto Geisel (cargo que mantuvo con João B. Figueiredo hasta 1981), en paralelo con la apertura política controlada continuó las tres líneas geoestratégicas de sus predecesores: el acuerdo nuclear con Alemania, el apoyo a los procesos de independencia en los países lusófonos de África y la coordinación represiva en el sur del continente que en 1975 tomó forma en el Operativo Cóndor.
En 1978 esta perspectiva se amplió con la firma del Pacto Amazónico para la integración y seguridad de la cuenca. El acuerdo fue firmado por los ocho países de la región, pero perdió continuidad en los años 1980 por la crisis económica y las democratizaciones limitadas en los países signatarios. No obstante, fue recuperado a partir de la década de 1990 en los acuerdos de cooperación bi- o trilaterales que Brasil cerró, especialmente, con Colombia y Perú, para el combate al narcotráfico y la progresiva radarización de la cuenca.
Si bien el modelo brasileño se modificó al inicio de los años 1970, dando lugar a la reforma tecnocrática del Estado y a los planes de desarrollo que integraron el territorio e impulsaron la sustitución de exportaciones, sus dos patas fundamentales (la DSN y la dominación de una elite tecnocrática cívico-militar) se mantuvieron y constituyeron su principal artículo de exportación. La Doctrina de Seguridad Nacional fue abandonada en la década de 1980, pero su supuesto de que las relaciones sociales están signadas por la guerra sigue vigente. Así, el golpe militar de 1964 sigue siendo presente, no sólo en Brasil.

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 http://sur.infonews.com/notas/el-padre-de-todos-los-golpes-en-latinoamerica

BRASIL 1964: Represión y “milagro” económico, POR Carlos Sprei (para "Miradas al Sur" del 30-03-14)


Miradas al Sur. Año 7. Edición número 306. Domingo 30 de Marzo de 2014
 
 
Como calcado de otros golpes militares pasados y por venir en América latina, los militares brasileños establecieron un régimen apoyado en la represión y la anulación de los derechos humanos, políticos y sociales para garantizar un orden económico basado en las recetas del FMI y los centros financieros extranacionales.
Desaparecer un cuerpo es más efectivo que la muerte porque causa incertidumbre en el enemigo … la muerte se olvida, el desaparecido, desestabiliza, genera una expectativa eterna… no me arrepiento de nada, lo puedo volver a hacer nuevamente, tengo 76 años, soy coronel reformado y estoy apto para dar instrucción a los más jóvenes”.
Estas declaraciones fueron dadas el último domingo 16 de marzo al diario carioca O Globo, por el coronel reformado Paulo Malhaes, responsable por el traslado final del cuerpo del ex diputado Rubens Paiva secuestrado en enero de 1971 en su casa, en Río de Janeiro. Sus restos mortales después de ser salvajemente torturado y muerto en dependencias del ejército, fueron arrojados por este coronel desde una lancha al mar.
Mientras las clases media y alta disfrutaban de la fiesta del consumo, la dictadura torturaba, mataba y desaparecía personas. Solamente a partir de 2012 con la instalación de las Comisiones de la Verdad impulsadas por el gobierno Dilma, comienzan a emerger a la superficie las actividades y métodos de los comandos militares que reivindican a la luz del día sus asesinatos y la desaparición de personas. La ley de amnistía general e irrestricta de 1979, que sentó las bases para el retorno democrático, ampara sus actos y confesiones, las cuales no son punibles. Hay memoria y verdad pero no justicia. ¿Cuál es el verdadero alcance de la confesión de un agente de un Estado Terrorista que practicó crímenes cuando no hay expectativas de enjuiciamiento, pedidos de perdón o arrepentimiento? Caberá a la sociedad dirimir estas memorias, qué hacer con ellas y decidir sobre estos sentidos en pugna.
La cuenta de la dictadura no sorprende pero impacta. Censura previa durante 15 años a la prensa, la TV y a las manifestaciones culturales; 4.862 mandatos políticos impugnados, más de diez mil torturados, 1.202 sindicatos intervenidos, 49 jueces expurgados, millares de exiliados, 5.000 condenados por las leyes militares, 400 muertos y 144 desaparecidos.
La marca de los 50 años del golpe provocó un edificante proceso en marcha. Surgen del anonimato centenas de voces trayendo del olvido las huellas más profundas y dolorosas del período. Un proceso digno y edificante. La memoria del oscurantismo busca su lugar.
Jango vuelve a Brasilia. Tuvieron que pasar 49 años para que Brasil pudiese homenajear al presidente depuesto por el Golpe, Joao Goulart, conocido como Jango. El 14 de noviembre de 2013, en la base aérea de Brasilia, en una emotiva ceremonia, sus restos mortales aterrizaron definitivamente en la capital del país. El acto fue conducido por la presidente Dilma Rouseff con la presencia de la familia Goulart. Para destacar, la venia militar de los jefes de las tres armas, al saludar el paso del féretro del hombre que expulsaron del poder en 31 de marzo del ’64. Jango falleció en 1976 a los 57 años de edad de un presumido ataque al corazón, en su exilio de Argentina. Ahora, sus restos mortales sufrirán una pericia internacional que buscará elucidar las verdaderas causas de su muerte, que se supone ocurrió por envenenamiento en el marco de la operación Cóndor. La cronología del tiempo se rinde para las efemérides. Son instancias donde se define qué se recuerda, cómo se recuerda y por qué se recuerda.
Renombrados intelectuales, actores políticos, entidades de defensa de los derechos humanos e sociedad civil se proponen discutir y elucidar, en varios eventos, cómo se recorrió ese camino. El llamado “milagro económico brasileño”, perído comprendido entre 1968 y 1973, cuando el PIB creció a una tasa media anual del 10,4%, es central para comprender un antes y el después de todo este proceso dictatorial.
Pra Frente Brasil!!! (slogan publicitario de la dictadura ). La dictadura brasileña fue un proceso complejo, extenso y desigual. Resulta tentador caer en un reduccionismo fácil, tratarla como un sistema extraño a la sociedad que se apoderó de la nación. Sus peores valores continúan vigentes en la conciencia de un país que tiene más ricos que España y Portugal juntos y millones de pobres aplastados por la desigualdad, la herencia social esclavista y la violencia como práctica de resolución de conflictos. El primer período dictatorial es conocido como el de una dictadura blanda (1964-1968); sus metas iniciales consistieron en frenar la inflación, que era del orden del 200% anual, e implantar las necesarias reformas institucionales y jurídicas para el país ingresar al club neoliberal de la época.
La receta fue la de siempre. Congelar salarios, cortar el gasto público, contención del crédito, fin de estabilidad del empleo público. Intervención militar a los sindicatos. Fin de paritarias. Flexibilización del sistema financiero y garantía de remesas de lucros para las multinacionales. Pero la economía estaba frenada. La recesión monetarista mostraba su peor cara. Por su vez, los movimientos sociales y políticos, con los estudiantes a la cabeza, sumados al surgimiento de las organizaciones político-militares, no le daban tregua a la dictadura. El régimen se derechizó y entre 1968 y 1974 comienza el período conocido como los años de plomo. La dictadura estaba consciente que se le imponían urgentes cambios económicos. Resurge el pragmatismo brasileño y se cambió la orientación económica. En 1967 asume como nuevo ministro de economía Delfim Netto, un economista que iba al encuentro de las tradiciones corporativistas más arraigadas en el país. Se anuncian políticas de substitución de las importaciones, pero de esta vez con un Estado activo que dirige y financia el desarrollo, en lo que se dio a llamar “la industrialización dirigida por el Estado”.
El milagro económico Brasileño: Ámelo o déjelo. América latina se ha visto casi siempre a sí misma en función de su articulación con la economía mundial. La habilidad del nuevo ministro consistió exactamente en subirse a la onda expansiva del comercio mundial que por aquellos tiempos crecía a un ritmo del 18% anual. Y que también coincidía con un momento histórico de disponibilidad abundante de capitales para financiar inversiones. Delfim Netto corta intereses, subsidia exportaciones, amplía el crédito y en la práctica revoca la gestión anterior. El capitalismo brasileño comenzó a avanzar a pasos de gigante para aprovechar ese momento. Una expansión que tuvo como destaque la industria automotriz, la de electrónicos, la construcción civil y bienes de consumo popular. Fue un período de cambios substanciales, cuantitativos y cualitativos. Se creó la industria petroquímica, se impulsó la siderúrgica y la prospección de petróleo en plataformas offshore. Se implantó el complejo hidroeléctrico/energético (Itaipu y otros) para proveer de energía la expansión de la industria. Se subsidió la importación de bienes de capital, para fomentar la producción y exportación de manufacturas con mayor valor agregado. El endurecimiento político fue enmascarado por el milagro económico. Nacía el slogan del dictador Garrastazu Medici que sería la marca de estos años: “Brasil, ame-o ou dexie-o”. O en una traducción simple, al que no le gusta, que se vaya.
Solitario, triste y final. La primera crisis del petróleo en octubre de 1973 le puso un punto final al “milagro brasileño”. La impresionante deuda externa que financió esta fiesta pasó de US$2.623 millones de dólares en 1964 a US$ 87.580 millones de dólares en 1982. Una pesada herencia para la democracia y una hipoteca para los sueños de los años futuros. La cuenta, dos moratorias y la mayor deuda externa del mundo. Las consecuencias, decenas de programas de ajuste del FMI para poder refinanciar el déficit en la balanza de pagos con más recesión y desempleo. La dictadura sedujo corazones y mentes, y también bolsillos. Creó más de 560 empresas públicas y mixtas. Con críticas a regañadientes, la burocracia civil y servil estaba orgullosa de la modernización del país y de su nuevo status social. Todos estos sectores fueron tributarios del proceso y constituyeron la base de sus apoyos, de un desarrollo alimentado por el apetito insaciable de una burguesía oportunista, hábil, banal y cínica.
Los sentidos sobre la naturaleza de este período divergen, el manto de las conquistas económicas logradas es utilizado por muchos sectores como una justificativa por las violencias practicadas. Es la economía, estúpido, diría el ex presidente Bill Clinton.
La contracara: Como los empresarios financiaron los grupos de exterminio. El ciudadano Henning Boilesen era un dinamarqués naturalizado brasileño. En 1969 era presidente de la empresa Ultragaz. El periodista brasileño Elio Gaspari, en una serie de libros de su autoría sobre La Dictadura, relata que en 1969, el ministro del milagro económico, Delfim Netto, impulsó la primera reunión del grupo OBAN (Operación Bandeirantes), una organización represiva financiada directamente por los dueños del capital, sin lazos formales con el Estado, pero dirigida por policiales y militares. Con estos recursos empresariales se montó un centro privado de investigaciones y torturas con el objetivo de aniquilar a los militantes de las organizaciones de izquierda y los sindicalistas que combatían el régimen militar. Está documentada la presencia de los principales ejecutivos de la Ford, General Motors, bancos y constructoras en las reuniones semanales de informes y captación de fondos de la OBAN. El dinamarqués, su coordinador, era un anticomunista perverso, tenía un placer sádico en participar activamente de las sesiones de tortura. Era fanfarrón y contaba públicamente sus experiencias. Fue ejecutado por una acción militar conjunta de los grupos de izquierda ALN (Alianza Libertadora Nacional) y El Movimiento Revolucionario Tiradentes (MRT) en las calles de San Pablo el 15 de abril de 1971. Los ministros Roberto Campos y Delfim Netto, los padres de las reformas y del Milagro Económico, estaban en la primera fila durante su entierro. Boilesen era amigo de pecho de ambos.
Un Presente inesperado. Las memorias de la dictadura condicionan el presente y moldan el futuro. Son fragmentos de vidrio incrustados en el día a día de la Nación. De nada sirve romper el espejo retrovisor. Más chances tendrán en reaparecer las tendencias autoritarias cuanto más la sociedad silencie sobre ellas o finja ignorarlas. No hay como liberarse de estos traumas si se apaga la llama de la denuncia y el atropello. La dictadura herró su marca en el cuerpo de la sociedad. Sus sombras acosan al futuro.
En 1964, por lo tanto, hace medio siglo, nadie podría imaginar que de un modo pacífico, a través de procesos electorales disputados con libertad y transparencia, un obrero líder de un sindicato de oposición a la dictadura y una mujer ex guerrillera serían electos democráticamente para ejercer la presidencia de Brasil. Una revolución silenciosa, anónima, le está cambiando la cara al país. A pesar del enorme esfuerzo de estos líderes, Brasil continúa siendo un país extremadamente desigual e injusto. Los nuevos programas de inclusión social y distribución de renta, donde se contemplan posibilidades reales de políticas compensatorias para los más pobres de la pirámide social, permiten guiñarle un ojo al futuro. Los trágicos destinos de Paiva, Jango y Boilesen son metáforas de referencia de un pasado que busca sus verdades y qué hacer con ellas.

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sábado, 29 de marzo de 2014

EL GOLPE DE ORDEN Y PROGRESO, por Carlos Sprei (para "Miradas al Sur" del 23-03-14)


Año 7. Edición número 305. Domingo 23 de Marzo de 2014
 
 
Miradas al Sur inicia una serie de tres notas sobre la dictadura que asoló a Brasil durante veintiún años.
En ocasión de cumplirse los 50 años del golpe de Estado Cívico-Militar en Brasil, la sociedad brasileña impulsa desde distintos ámbitos una serie de debates que permitan reflexionar sobre sus causas y avanzar en sus conquistas democráticas. Llamado por los sectores conservadores la “Revolución del ’64”, sus continuidades y rupturas son una referencia para la construcción de la sociedad democrática actual. La dictadura reprimió, exilió y mato opositores. Pero cabe indagar: ¿ella apenas reprimió? ¿En qué medida y con qué orientación, consiguió también modernizar el país? ¿Y cómo las marcas de esa modernización todavía permanecen actuales como fragmentos incrustados en la Nación? Esta serie de artículos que tendrán secuencia en las próximas ediciones de Miradas al Sur se propone abordar los diferentes aspectos socio-económicos por los que transitó la dictadura brasileña y su impacto en el contexto latinoamericano. La memoria de la cruel represión, los casi 15.000 presos, y un numero todavía no bastante claro de exiliados, muertos y desaparecidos, despierta la conciencia de la anestesia social que instaló el régimen dictatorial y promueve la construcción por memoria, verdad y justicia.
El pasado nunca pasa. El banco Itaú, segundo mayor conglomerado financiero de Brasil, también presente en la Argentina, decidió regalar a sus clientes para final de año una agenda de 2014. Un regalo usual pero siempre práctico y bien recibido. La sorpresa fue cuando los inadvertidos clientes descubrieron en la agenda que el día 31 de marzo estaba destacado en color naranja, el color oficial de la institución financiera, como “Aniversario de la Revolución de ’64”. Nada como la memoria en su correcto lugar. Olavo Setubal, fundador de la institución, consolidó el grupo financiero durante la dictadura. Por sus buenos contactos con el régimen, fue designado intendente de San Pablo de 1975 a 1979. Los parcos pedidos de disculpa sirvieron como una torpe justificativa para retirar las agendas de circulación. La eterna transición brasileña encierra los misterios de cómo la sociedad civil se relaciona con sus fuerzas armadas, un club dedicado a albergar a los peores torturadores, asesinos y ocultadores de cadáveres. Nunca, ninguno de ellos fue juzgado en Brasil y jamás los sectores corporativos que estimularon, apoyaron y financiaron el golpe, vinieron a público con un pedido de disculpas. El año pasado, después las gigantescas manifestaciones durante la Copa de las Confederaciones, el diario O Globo publicó un comunicado donde se arrepentía de su apoyo a la “Revolución del ’64” y consideraba un error editorial del grupo haber llamado un Golpe de Estado de Revolución. Rápidamente, el Club Militar le respondió con un comunicado, Titulado “Error un huevo!!!”, donde demostraba que no se trataba de un error y sí de un consciente apoyo recíproco que permitió al grupo ocupar el lugar dominante que ostenta actualmente.
El Golpe de ’64. El apoyo de Washington para “Restaurar el orden y evitar el comunismo”. La revolución cubana cambió para siempre el rostro y los horizontes de América latina. Su asenso al poder el 1 de enero de 1959 produjo rupturas y cambios a la izquierda y a la derecha del continente. Para los partidos y organizaciones de izquierda, para las organizaciones populares de cualquier signo, se abrieron nuevas posibilidades antes impensadas. Ahora se podía luchar y construir la revolución socialista solamente a partir de la voluntad. Nada se interponía entre los deseos y la realidad. Ya no se dependía más de las condiciones objetivas para hacer la Revolución. Las urgencias revolucionarias pasaban a ser otras, la isla se transformó en el paradigma del nuevo socialismo y de la resistencia al imperio. Nunca más lo que era, volvería a ser. Cuando los barbudos de Fidel y el Che entraron en La Habana, el mundo observaba con admiración y simpatía, estos jóvenes utópicos, idealistas y determinados. Para los Estados Unidos las dudas iniciales sobre los objetivos de la revolución estaban teñidas por su apoyo incondicional a burdeles, casinos y al ejercicio de la dominación económica en Cuba, así la prudencia indicaba que las cosas se irían a acomodar con el tiempo. Pero la historia pasaría a tomar un nuevo camino que muy pocos habrían previsto algunos años antes. Y el Imperio poco esperó. Los nuevos rumbos de la Revolución, al decretar la nacionalización de las empresas y la reforma agraria, señalaron rápidamente espacios antagónicos. Estados Unidos iniciaba en 1961 el durísimo embargo económico que persiste hasta hoy y participó del truculento accionar de la CIA en el desembarco de opositores cubanos en Playa Girón, ataque repelido e inmortalizado en una bella canción de Silvio Rodríguez. Estados Unidos volvía a la carga. Crisis de los misiles de por medio, los paseos del Che por la región durante la Conferencia de la OEA en Punta del Este en agosto de 1961, acabaron por generar un desequilibrio total en Argentina y Brasil. Frondizi ,desoyendo consejos recibe al Che en Olivos después de la conferencia. El encuentro selló su destino. Tiempo después será destituido por los militares que ponen a Guido en el sillón de Rivadavia. Janio Quadros electo presidente de Brasil en 1960, también se encuentra con el Che. Y también fue obligado a renunciar. Fue un agosto “caliente” que separó definitivamente los caminos de El Che y de Kennedy. En Brasil, el vice de Janio Quadros del partido laborista de Getulio Vargas, João Goulart, conocido como Jango, estaba en esos momentos en una misión diplomática en China. En Brasil en esos tiempos, la elección del Presidente y Vice se votaba por separado por mayoría simple, lo que explica sus diferencias y bases políticas divergentes. Los ministros militares intentaron impedir su ascenso como presidente, ya que por sus orígenes representaba una amenaza para los sectores más conservadores. Tras duras negociaciones y una intensa agitación popular impulsada por su cuñado, el gobernador de Rio Grande Do Sul, Leonel Brizola, a través de la “Campaña de la Legalidad”, en la cual moviliza el Estado en defensa de Jango, consigue que el vice asuma aceptando en el futuro el establecimiento de un régimen parlamentarista. Entre el 8 de septiembre de 1961, cuando Jango es aclamado como presidente de Brasil, y el 31 de marzo de 1964, el país atraviesa un período signado por la presión norteamericana, fruto de los temores de que su gobierno siguiera los pasos de Fidel y la intensa movilización interna de apoyos y repudios a su gestión. Tomaban el poder los herederos de Getulio Vargas, a 6 años de su suicidio, acosados por las fuerzas de la reacción interna y externa. El imperio se preparó para evitar nuevas sorpresas y guiños a la izquierda. La lección de Cuba ya bastaba.
Brasil era y continúa siendo un socio vital para los Estados Unidos. Lo fue durante la segunda guerra mundial, cedió territorios en Natal para instalar sus bases militares, aéreas en el Amazonas, para instalar fábricas dedicadas a suplir el esfuerzo de la guerra y mandó sus tropas a luchar en el continente europeo, por lo tanto, un aliado incondicional y tanto. Estados Unidos, antes de desembarcar en Normandía ya había desembarcado en Brasil. En 1964, la economía brasileña estaba debilitada con una inflación de 5% al mes, con crisis en la balanza de pagos y la constante acción desestabilizadora de la CIA, revelada y confesada, tiempos después, por las grabaciones inéditas hechas públicas por la biblioteca Kennedy y disponibles en su página web.
Especialmente es central el audio de la reunión que mantuvo el presidente Kennedy con su embajador en Brasil, el 7 y 8 de octubre de 1963, donde lo indaga si es necesario actuar militarmente. El embajador finaliza el diálogo diciendo: “O Goulart abandona su imagen de izquierdista y todo se resuelve pacíficamente. O tal vez no de forma tan pacífica y lo sacamos del poder contra su voluntad”. Como muestra, basta un botón. Según el historiador brasileño Moniz Bandeira, se calcula que más de 5.000 militares americanos ingresaron al país disfrazados de religiosos, periodistas, comerciantes, miembros de Peace Corps, etc. Al mismo tiempo, las corporaciones americanas se plegaron a este esfuerzo, negándose a negociar en las huelgas, ya que por aquellos tiempos, no se aceptaban los aumentos de salarios, era la época de fijar factores de producción baratos y de la eliminación de la resistencia sindical. Y Jango se oponía a la intervención armada en Cuba, su política externa estaba orientada en la defensa de los principios de autodeterminación. Ante las dificultades que enfrentaba en el Congreso para implementar las llamadas reformas de base, las reforma agraria, urban, bancaria, universitaria, llama a lo que fue su último gran acto popular, “Los Comicios de la Central” (estación ferroviaria) en 13 de marzo de 1964, acto que reunió más de 150.000 manifestantes en su apoyo. Era la señal que bastaba para que los sectores civiles, empresarios y políticos implementaran el Golpe de Estado. La intensa radicalización vivida por esos días era conducida por Leonel Brizola, líderes sindicales y el legendario Luis Carlos Prestes, del Partido Comunista Brasileño. Días después, Jango se rehúsa a reprimir a los marineros en una huelga por mejores salarios. Su suerte estaba echada. Los sectores conservadores lo acusan de instigar la ruptura de la disciplina de mandos. El 31 de marzo, los militares toman el poder dando origen a un proceso que duró 21 años. Jango se exilia en Uruguay y luego parte para la Argentina donde fallece víctima de un ataque cardíaco en 6 de diciembre de 1976. Actualmente se investiga la causa de su muerte y se supone que fue envenenado dentro de los marcos del operativo Cóndor. A partir de 1968, el régimen pasa a mostrar su peor cara al cerrar el Congreso y suprimir los derechos políticos e individuales como respuesta a las grandes manifestaciones contra el golpe. Es el momento en que los estudiantes, las organizaciones sindicales y político-armadas comienzan las reacciones violentas contra el régimen. Cuba, una vez más, estuvo presente en los acontecimientos como horizonte, modelo e inspiración.
Los medios y los fines. Ayer como hoy, el ataque mediático ocupa un papel central en el sentido de los hechos. La caída de Jango fue festejada en la edición del 1 y 2 de abril del ’64 con titulares de júbilo por los principales periódicos del país. “Se fugo Goulart y la democracia está restaurada” (O Globo);”Multitudes en Fiesta” (Estado de Minas); “Se instaló en el país la auténtica legalidad” (Jornal do Brasil); “Vibrantes manifestaciones en Copacabana para homenajear a las Fuerzas Armadas” (Tribuna de Imprensa). Estas voces reflejan un coro unísono, similar a los retratos de la prensa en Argentina por ocasión del Golpe de Estado del 25 de marzo del ’76. Es innegable la existencia de alguna escuela contrarrevolucionaria o un manual de buenos modales para festejar los Golpes de Estado en ambos países. Detrás de tanta uniformidad, podemos recurrir a un dicho popular brasileño que dice “La unanimidad es burra”.
El prestigioso periodista y analista político brasileño Luis Nassif, ve semejanzas en el papel de los medios durante el golpe de Estado de ’64 y el manejo actual de los mismos de cara a las elecciones presidenciales de octubre de 2014. Días atrás publicó en su blog un alerta sobre la relación de estos y las clases medias. Observa técnicas y objetivos similares tales como despertar odios ancestrales, difamar el poder judicial y al ministerio público, buscar criminalizar la protesta política y provocar una sobredosis de denuncias sobre la corrupción. El autor destaca que por ser la democracia un proceso de inclusiones progresivas es el régimen que genera mayor inestabilidad y temores en las capas medias de la población. Estos sectores sufren y enfrentan con inseguridad el dinamismo social democrático. La inclusión asusta. Desde su lugar ambivalente en la pirámide social se sienten amenazados por los nuevos invitados a la fiesta del consumo. Las clases medias tienen poder pero no votos. Los nuevos incluidos económicos, los trabajadores en su sentido más amplio tienen otros canales de información. Y tienen votos pero no poder. En países como Brasil, socialmente atrasados, cualquier gesto de inclusión sufre enormes resistencias de los sectores más conservadores. Para el autor, el punto en común entre los dos períodos es provocar y estimular el odio contra el gobierno en sectores de la clase media, que según él, serán acciones que se propagarán en razón inversamente proporcional al crecimiento electoral de la oposición al gobierno Dilma. El ataque central será durante la Copa del Mundo y la consigna, los gastos inútiles en estadios con dinero del transporte y de la salud públicos. Para este periodista, hay una guerra de comunicación central, donde los principales medios están en contra del gobierno de Dilma Rouseff.
Mientras tanto, los sentidos sobre el golpe de ’64 continúan en disputa. Marcó el inicio de la dominación autoritaria en el cono sur, luego seguido por la Argentina en 1966 y en la década del ’70, ya con la configuración de un Estado Terrorista, en Chile, Uruguay y nuevamente Argentina. Los principales periódicos del Brasil, en nombre del derecho de opinión publican cartas o artículos de miembros de las tres armas en la reserva, donde destacan los logros económicos y sociales del Golpe, que continúa a ser llamado por ellos “Revolución”. Ningún militar es punido por esta acción. Este sinuoso recorrido demuestra que, todavía, la dictadura brasileña está lejos de ser un asunto cerrado o una transición superada por la historia. Sus legados y significados continúan en pugna.

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Otras notas

  • Un título llamativo y una aparente inocencia. Una operación mediática brillante. El objetivo, borrar las huellas del pasado. La forma, transitar los estrechos límites que separan los horizontes de la memoria y el olvido. La intención, desdibujar el apoyo que el Grupo Globo le brindó a la dictadura durante 21 años y así escapar del banco de los acusados. La estrategia final: sintonizar con las nuevas demandas sociales que pugnan contra el control privado monopólico de los medios. Estos procesos presuponen una limpieza del pasado. Maquillar tanto poder y la forma en que fue construido.
  • En Brasil, mientras la recientemente creada Comisión de la Verdad y la Memoria se apresta a abrir la caja de Pandora que dejó la dictadura militar en ese país, la presidenta Dilma Rousseff le hace un guiño a las fuerzas armadas para descomprimir las tensiones que su creación provocó. Con promesas de asignarles un rol importante en el impulso industrial o el incremento presupuestario y la renovación de armamento, la mandataria brasileña busca tender un puente con los militares.
  • Un hijo del derrocado ex presidente brasileño Joao Jango Goulart, quien murió en una estancia de Corrientes a fines de 1976 supuestamente de un infarto, anunció que pedirá a la Justicia argentina que investigue su posible envenenamiento, tal como denunció un ex agente de inteligencia uruguayo, Mario Barreiro Neira, detenido desde hace más de una década en una cárcel de Porto Alegre por integrar una banda de asaltantes de camiones transportadores de caudales.
  • El Golpe de Estado contra el presidente brasileño João Goulart en 1964 fue significativo en la región porque inauguró un sangriento ciclo de dictaduras latinoamericanas. Ahora, su familia –utilizando como herramienta política al lulista Instituto Presidente João Goulart– está tratando de esclarecer cuáles fueron las verdaderas causas de su supuesta muerte natural, producida en territorio argentino durante el inicio de la dictadura de Jorge Rafael Videla.
  • Al anunciar el pasado martes 10 que pedirá al Congreso Nacional, al Supremo Tribunal Federal (STF) y a la Presidencia de la República el cambio de carátula de la causa por la muerte del ex presidente Juscelino Kubitschek (popularmente llamado JK) el 22 de agosto de 1976, la Comisión de la Verdad de la Cámara Municipal de San Pablo puso en la agenda pública la revisión de los asesinatos de líderes opositores con los que la dictadura cívico-militar (1964-85) intentó controlar la apertura política iniciada durante el gobierno de Ernesto Geisel (1974-79).
  • Cuando el historiador March Bloch sostuvo que la historia “tiene la necesidad de unir el estudio de los muertos con el de los vivos”, propuso unir el tiempo pasado con el presente. Sería un error, decía Bloch, pensar que los historiadores deben realizar sus investigaciones a partir de un orden modelado por los acontecimientos. Si bien pueden realizar una lectura del pasado, muchas veces pueden obtener mayor provecho si comienzan a leer la historia “al revés”, es decir a partir del presente. El libro La política en armas y las armas de la política.