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martes, 1 de abril de 2014

El padre de todos los golpes en Latinoamérica, POR Eduardo J. Vior (para "Miradas al Sur" del 30-03-14)


Miradas al Sur. Año 7. Edición número 306. Domingo 30 de Marzo de 2014
Por imitación, o por reacción, el modelo de la dictadura brasileña influyó perdurablemente en los países del subcontinente.
En 1964 Brasil no estaba en crisis económica. El problema de Brasil era el populismo, que es la antesala del comunismo. Nuestro objetivo era entonces destruir al populismo, para frenar al comunismo. La base del populismo estaba constituida por los grandes sindicatos de masas que se nutrían de la industrialización sustitutiva de importaciones que reunía grandes masas de trabajadores en las fábricas. Por consiguiente, había que destruir la industria sustitutiva de importaciones, para disolver las concentraciones de masas, dominar al sindicalismo y destruir al populismo, para prevenir el comunismo” (Roberto de Oliveira Campos, ex ministro de Planeamiento de Brasil entre 1964 y 1967, en Brasilia en mayo de 1985 en diálogo con el autor).
Cuando el derrocado presidente João Jango Goulart el 2 de abril de 1964 cruzó fugitivo la frontera uruguaya, ninguno de los actores principales del drama brasileño previó las transformaciones que se iniciaban en toda América del Sur. Para la mayoría de los golpistas se trataba de restaurar el poder conservador modernizándolo. Las oposiciones vieron en el golpe sólo la culminación de los once intentos que se sucedieron desde el fin de la Segunda Guerra Mundial.
La estrategia nacional e internacional de la contrarrevolución fue ideada y desarrollada por Golbery do Couto e Silva (1911-87). Durante su revista en el Estado Mayor de la Fuerza Expedicionaria Brasileña (FEB) en Italia en 1944/45 –en la que sirvieron los oficiales que condujeron el golpe de 1964– y gracias a su estrecha cooperación con el mayor Vernon Walters, oficial de enlace del 5° Ejército norteamericano, desarrolló sus vínculos con el espionaje de Estados Unidos y su visión de la guerra total. Cabe señalar que V. Walters fue agregado militar de la embajada estadounidense en Brasil entre 1962 y 1967 desde donde preparó la intervención de la IV Flota de Estados Unidos en caso de guerra civil.
En 1952 Golbery comenzó a servir en la Escuela Superior de Guerra (ESG, fundada en 1949) como director de su Departamento Internacional. Bajo su influencia, los cursos en la ESG se orientaron en tres direcciones: crear una elite tecnocrática cívico-militar, desarrollar la Doctrina de la Seguridad Nacional (DSN), pensada por el mismo Golbery, y diseñar la estrategia geopolítica de Brasil. Ésta se hizo pública en 1966 en el libro Geopolítica del Brasil. En la obra, Golbery concibe a Brasil como un archipiélago de siete islas cuyo aislamiento aprovechaban los enemigos del país, particularmente “la subversión comunista” –que podría hacerse fuerte en el Nordeste– y Argentina –que amenazaba el escudo riograndense. Según el autor, la expansión de la infraestructura y las comunicaciones servía al desarrollo económico y éste a su seguridad nacional, proyectando el poder de Brasil sobre los países vecinos.
Primero Paraguay. La geoestrategia de Golbery se implementó primero en la relación con Paraguay. Como el presidente Alfredo Stroessner (1954-89) había estado adscripto al Estado Mayor del Ejército brasileño entre 1940 y 1941, desde el golpe de 1964 se estrecharon los vínculos, para sacar a Paraguay de la órbita argentina. Brasil y Paraguay compartían intereses en la frontera del Río Paraná, aunque litigaban por el límite. Desde la Guerra de la Triple Alianza (1865-70), el Este de Paraguay estaba prácticamente despoblado y servía de base a las guerrillas contra Stroessner. Brasil, en tanto, quería vincular la faja de frontera al resto del país. Por eso ambos estados fomentaron la colonización de la zona y estudiaron el potencial energético de la región hasta firmar en 1972 el Tratado de Itaipú, que regló la construcción de la segunda represa más grande del mundo y la entrada en Paraguay de cientos de miles de colonos brasileños.
Si bien Brasil no intervino en el golpe que en noviembre de 1964 depuso al presidente boliviano Víctor Paz Estenssoro (1952-56 y 1960-64), introdujo posteriormente colonos brasileños en el Oriente y usó la represión de la guerrilla del Che Guevara en 1967 para aliarse con las fuerzas armadas bolivianas, lo que daría sus frutos durante la presidencia de Hugo Bánzer (1971-78).
Mientras que durante el gobierno de Humberto Castelo Branco (1964-67) el alineamiento con Estados Unidos fue total, en las presidencias posteriores de Artur da Costa e Silva (1967-68), Emilio Garrastazu Médici (1969-74) y Ernesto Geisel (1974-78) las necesidades del desarrollo económico concentrado y la preponderancia de sectores nacionalistas dentro del Ejército y la Fuerza Aérea llevaron a diferenciaciones y choques, como sucedió cuando Brasil firmó el acuerdo nuclear con Alemania Federal en 1975. A partir de 1967 la política exterior brasileña combinó la colaboración con Washington en la lucha contra las guerrillas dentro y fuera del país con la prosecución de la propia estrategia en la región y en el Atlántico Sur.
La extensión de la DSN y la imitación del modelo autoritario burocrático indujeron al Ejército Argentino a reproducir la experiencia en 1966, con la intención de frenar la influencia brasileña sobre Paraguay y Uruguay, donde la presión combinada de EE.UU. y Brasil llevó en 1967 a la instauración de las “Medidas Prontas de Seguridad”, antecedente inmediato del golpe de estado de 1973.
Además de la intervención en la guerra civil en la República Dominicana bajo el mando norteamericano en 1965, el modelo brasileño influyó sobre gobiernos civiles como el venezolano y el colombiano, que en la década de 1960 enfrentaban movimientos guerrilleros, en la reacción defensiva de la Revolución Peruana de Juan Velasco Alvarado (1968-75) y en el gobierno militar ecuatoriano de Guillermo Rodríguez Lara (1972-79).
Golbery estuvo alejado del gobierno entre 1967 y 1974 y enfrentado con el sector duro del Ejército por la política represiva que éste implementó contra la guerrilla urbana y rural y la oposición civil a través de las actas institucionales, la tortura y el exilio. Sin embargo, al asumir como jefe de la Casa Civil de la Presidencia bajo Ernesto Geisel (cargo que mantuvo con João B. Figueiredo hasta 1981), en paralelo con la apertura política controlada continuó las tres líneas geoestratégicas de sus predecesores: el acuerdo nuclear con Alemania, el apoyo a los procesos de independencia en los países lusófonos de África y la coordinación represiva en el sur del continente que en 1975 tomó forma en el Operativo Cóndor.
En 1978 esta perspectiva se amplió con la firma del Pacto Amazónico para la integración y seguridad de la cuenca. El acuerdo fue firmado por los ocho países de la región, pero perdió continuidad en los años 1980 por la crisis económica y las democratizaciones limitadas en los países signatarios. No obstante, fue recuperado a partir de la década de 1990 en los acuerdos de cooperación bi- o trilaterales que Brasil cerró, especialmente, con Colombia y Perú, para el combate al narcotráfico y la progresiva radarización de la cuenca.
Si bien el modelo brasileño se modificó al inicio de los años 1970, dando lugar a la reforma tecnocrática del Estado y a los planes de desarrollo que integraron el territorio e impulsaron la sustitución de exportaciones, sus dos patas fundamentales (la DSN y la dominación de una elite tecnocrática cívico-militar) se mantuvieron y constituyeron su principal artículo de exportación. La Doctrina de Seguridad Nacional fue abandonada en la década de 1980, pero su supuesto de que las relaciones sociales están signadas por la guerra sigue vigente. Así, el golpe militar de 1964 sigue siendo presente, no sólo en Brasil.

Publicado en:
 http://sur.infonews.com/notas/el-padre-de-todos-los-golpes-en-latinoamerica

BRASIL 1964: Represión y “milagro” económico, POR Carlos Sprei (para "Miradas al Sur" del 30-03-14)


Miradas al Sur. Año 7. Edición número 306. Domingo 30 de Marzo de 2014
 
 
Como calcado de otros golpes militares pasados y por venir en América latina, los militares brasileños establecieron un régimen apoyado en la represión y la anulación de los derechos humanos, políticos y sociales para garantizar un orden económico basado en las recetas del FMI y los centros financieros extranacionales.
Desaparecer un cuerpo es más efectivo que la muerte porque causa incertidumbre en el enemigo … la muerte se olvida, el desaparecido, desestabiliza, genera una expectativa eterna… no me arrepiento de nada, lo puedo volver a hacer nuevamente, tengo 76 años, soy coronel reformado y estoy apto para dar instrucción a los más jóvenes”.
Estas declaraciones fueron dadas el último domingo 16 de marzo al diario carioca O Globo, por el coronel reformado Paulo Malhaes, responsable por el traslado final del cuerpo del ex diputado Rubens Paiva secuestrado en enero de 1971 en su casa, en Río de Janeiro. Sus restos mortales después de ser salvajemente torturado y muerto en dependencias del ejército, fueron arrojados por este coronel desde una lancha al mar.
Mientras las clases media y alta disfrutaban de la fiesta del consumo, la dictadura torturaba, mataba y desaparecía personas. Solamente a partir de 2012 con la instalación de las Comisiones de la Verdad impulsadas por el gobierno Dilma, comienzan a emerger a la superficie las actividades y métodos de los comandos militares que reivindican a la luz del día sus asesinatos y la desaparición de personas. La ley de amnistía general e irrestricta de 1979, que sentó las bases para el retorno democrático, ampara sus actos y confesiones, las cuales no son punibles. Hay memoria y verdad pero no justicia. ¿Cuál es el verdadero alcance de la confesión de un agente de un Estado Terrorista que practicó crímenes cuando no hay expectativas de enjuiciamiento, pedidos de perdón o arrepentimiento? Caberá a la sociedad dirimir estas memorias, qué hacer con ellas y decidir sobre estos sentidos en pugna.
La cuenta de la dictadura no sorprende pero impacta. Censura previa durante 15 años a la prensa, la TV y a las manifestaciones culturales; 4.862 mandatos políticos impugnados, más de diez mil torturados, 1.202 sindicatos intervenidos, 49 jueces expurgados, millares de exiliados, 5.000 condenados por las leyes militares, 400 muertos y 144 desaparecidos.
La marca de los 50 años del golpe provocó un edificante proceso en marcha. Surgen del anonimato centenas de voces trayendo del olvido las huellas más profundas y dolorosas del período. Un proceso digno y edificante. La memoria del oscurantismo busca su lugar.
Jango vuelve a Brasilia. Tuvieron que pasar 49 años para que Brasil pudiese homenajear al presidente depuesto por el Golpe, Joao Goulart, conocido como Jango. El 14 de noviembre de 2013, en la base aérea de Brasilia, en una emotiva ceremonia, sus restos mortales aterrizaron definitivamente en la capital del país. El acto fue conducido por la presidente Dilma Rouseff con la presencia de la familia Goulart. Para destacar, la venia militar de los jefes de las tres armas, al saludar el paso del féretro del hombre que expulsaron del poder en 31 de marzo del ’64. Jango falleció en 1976 a los 57 años de edad de un presumido ataque al corazón, en su exilio de Argentina. Ahora, sus restos mortales sufrirán una pericia internacional que buscará elucidar las verdaderas causas de su muerte, que se supone ocurrió por envenenamiento en el marco de la operación Cóndor. La cronología del tiempo se rinde para las efemérides. Son instancias donde se define qué se recuerda, cómo se recuerda y por qué se recuerda.
Renombrados intelectuales, actores políticos, entidades de defensa de los derechos humanos e sociedad civil se proponen discutir y elucidar, en varios eventos, cómo se recorrió ese camino. El llamado “milagro económico brasileño”, perído comprendido entre 1968 y 1973, cuando el PIB creció a una tasa media anual del 10,4%, es central para comprender un antes y el después de todo este proceso dictatorial.
Pra Frente Brasil!!! (slogan publicitario de la dictadura ). La dictadura brasileña fue un proceso complejo, extenso y desigual. Resulta tentador caer en un reduccionismo fácil, tratarla como un sistema extraño a la sociedad que se apoderó de la nación. Sus peores valores continúan vigentes en la conciencia de un país que tiene más ricos que España y Portugal juntos y millones de pobres aplastados por la desigualdad, la herencia social esclavista y la violencia como práctica de resolución de conflictos. El primer período dictatorial es conocido como el de una dictadura blanda (1964-1968); sus metas iniciales consistieron en frenar la inflación, que era del orden del 200% anual, e implantar las necesarias reformas institucionales y jurídicas para el país ingresar al club neoliberal de la época.
La receta fue la de siempre. Congelar salarios, cortar el gasto público, contención del crédito, fin de estabilidad del empleo público. Intervención militar a los sindicatos. Fin de paritarias. Flexibilización del sistema financiero y garantía de remesas de lucros para las multinacionales. Pero la economía estaba frenada. La recesión monetarista mostraba su peor cara. Por su vez, los movimientos sociales y políticos, con los estudiantes a la cabeza, sumados al surgimiento de las organizaciones político-militares, no le daban tregua a la dictadura. El régimen se derechizó y entre 1968 y 1974 comienza el período conocido como los años de plomo. La dictadura estaba consciente que se le imponían urgentes cambios económicos. Resurge el pragmatismo brasileño y se cambió la orientación económica. En 1967 asume como nuevo ministro de economía Delfim Netto, un economista que iba al encuentro de las tradiciones corporativistas más arraigadas en el país. Se anuncian políticas de substitución de las importaciones, pero de esta vez con un Estado activo que dirige y financia el desarrollo, en lo que se dio a llamar “la industrialización dirigida por el Estado”.
El milagro económico Brasileño: Ámelo o déjelo. América latina se ha visto casi siempre a sí misma en función de su articulación con la economía mundial. La habilidad del nuevo ministro consistió exactamente en subirse a la onda expansiva del comercio mundial que por aquellos tiempos crecía a un ritmo del 18% anual. Y que también coincidía con un momento histórico de disponibilidad abundante de capitales para financiar inversiones. Delfim Netto corta intereses, subsidia exportaciones, amplía el crédito y en la práctica revoca la gestión anterior. El capitalismo brasileño comenzó a avanzar a pasos de gigante para aprovechar ese momento. Una expansión que tuvo como destaque la industria automotriz, la de electrónicos, la construcción civil y bienes de consumo popular. Fue un período de cambios substanciales, cuantitativos y cualitativos. Se creó la industria petroquímica, se impulsó la siderúrgica y la prospección de petróleo en plataformas offshore. Se implantó el complejo hidroeléctrico/energético (Itaipu y otros) para proveer de energía la expansión de la industria. Se subsidió la importación de bienes de capital, para fomentar la producción y exportación de manufacturas con mayor valor agregado. El endurecimiento político fue enmascarado por el milagro económico. Nacía el slogan del dictador Garrastazu Medici que sería la marca de estos años: “Brasil, ame-o ou dexie-o”. O en una traducción simple, al que no le gusta, que se vaya.
Solitario, triste y final. La primera crisis del petróleo en octubre de 1973 le puso un punto final al “milagro brasileño”. La impresionante deuda externa que financió esta fiesta pasó de US$2.623 millones de dólares en 1964 a US$ 87.580 millones de dólares en 1982. Una pesada herencia para la democracia y una hipoteca para los sueños de los años futuros. La cuenta, dos moratorias y la mayor deuda externa del mundo. Las consecuencias, decenas de programas de ajuste del FMI para poder refinanciar el déficit en la balanza de pagos con más recesión y desempleo. La dictadura sedujo corazones y mentes, y también bolsillos. Creó más de 560 empresas públicas y mixtas. Con críticas a regañadientes, la burocracia civil y servil estaba orgullosa de la modernización del país y de su nuevo status social. Todos estos sectores fueron tributarios del proceso y constituyeron la base de sus apoyos, de un desarrollo alimentado por el apetito insaciable de una burguesía oportunista, hábil, banal y cínica.
Los sentidos sobre la naturaleza de este período divergen, el manto de las conquistas económicas logradas es utilizado por muchos sectores como una justificativa por las violencias practicadas. Es la economía, estúpido, diría el ex presidente Bill Clinton.
La contracara: Como los empresarios financiaron los grupos de exterminio. El ciudadano Henning Boilesen era un dinamarqués naturalizado brasileño. En 1969 era presidente de la empresa Ultragaz. El periodista brasileño Elio Gaspari, en una serie de libros de su autoría sobre La Dictadura, relata que en 1969, el ministro del milagro económico, Delfim Netto, impulsó la primera reunión del grupo OBAN (Operación Bandeirantes), una organización represiva financiada directamente por los dueños del capital, sin lazos formales con el Estado, pero dirigida por policiales y militares. Con estos recursos empresariales se montó un centro privado de investigaciones y torturas con el objetivo de aniquilar a los militantes de las organizaciones de izquierda y los sindicalistas que combatían el régimen militar. Está documentada la presencia de los principales ejecutivos de la Ford, General Motors, bancos y constructoras en las reuniones semanales de informes y captación de fondos de la OBAN. El dinamarqués, su coordinador, era un anticomunista perverso, tenía un placer sádico en participar activamente de las sesiones de tortura. Era fanfarrón y contaba públicamente sus experiencias. Fue ejecutado por una acción militar conjunta de los grupos de izquierda ALN (Alianza Libertadora Nacional) y El Movimiento Revolucionario Tiradentes (MRT) en las calles de San Pablo el 15 de abril de 1971. Los ministros Roberto Campos y Delfim Netto, los padres de las reformas y del Milagro Económico, estaban en la primera fila durante su entierro. Boilesen era amigo de pecho de ambos.
Un Presente inesperado. Las memorias de la dictadura condicionan el presente y moldan el futuro. Son fragmentos de vidrio incrustados en el día a día de la Nación. De nada sirve romper el espejo retrovisor. Más chances tendrán en reaparecer las tendencias autoritarias cuanto más la sociedad silencie sobre ellas o finja ignorarlas. No hay como liberarse de estos traumas si se apaga la llama de la denuncia y el atropello. La dictadura herró su marca en el cuerpo de la sociedad. Sus sombras acosan al futuro.
En 1964, por lo tanto, hace medio siglo, nadie podría imaginar que de un modo pacífico, a través de procesos electorales disputados con libertad y transparencia, un obrero líder de un sindicato de oposición a la dictadura y una mujer ex guerrillera serían electos democráticamente para ejercer la presidencia de Brasil. Una revolución silenciosa, anónima, le está cambiando la cara al país. A pesar del enorme esfuerzo de estos líderes, Brasil continúa siendo un país extremadamente desigual e injusto. Los nuevos programas de inclusión social y distribución de renta, donde se contemplan posibilidades reales de políticas compensatorias para los más pobres de la pirámide social, permiten guiñarle un ojo al futuro. Los trágicos destinos de Paiva, Jango y Boilesen son metáforas de referencia de un pasado que busca sus verdades y qué hacer con ellas.

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 http://sur.infonews.com/notas/represion-y-milagro-economico