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domingo, 25 de octubre de 2015

SCIOLI-ZANNINI PARA LA VICTORIA

MIRANDO HACIA ADENTRO apoya oficialmente la candidatura de Daniel SCIOLI y Carlos ZANNINI para la Presidencia y Vicepresidencia de la Nación, en las elecciones generales de hoy 25 de octubre de 2015.

#ScioliPresidente

#ScioliEnPrimeraVuelta

#KrisPasión

viernes, 18 de septiembre de 2015

CONSTRUYENDO ILEGITIMIDAD, por Adrián Corbella



Las elecciones tucumanas de la semana pasada y las decisiones judiciales posteriores ingresan a la nómina del grotesco en la historia política argentina. Eso se produce pese a la “riqueza” de nuestra historia política, que ha soportado décadas de fraude electoral desembozado y generalizado (en el Régimen Oligárquico y la Década Infame), proscripciones a los partidos políticos mayoritarios (a los radicales en los años ’30, a los peronistas en los años ’50, ‘60 y ’70), golpes de estado que se hacían en nombre de la “Libertad”, la “Constitución” y la “República”, e incluso una Reforma Constitucional, la de 1957, decidida por un dictador militar, con el partido mayoritario proscripto, y el segundo partido retirándose de la “Convención Constituyente” tan precariamente convocada. Sin embargo, en esta rica historia nunca, pero nunca, se habían repetido unas elecciones. Algo realmente novedoso.
Los hechos vistos en Tucumán no resultaron demasiado extraordinarios. Algunas actas mal completadas, por picardía o ignorancia. Una decena de urnas quemadas (aparentemente por simpatizantes de los mismos denunciantes) en localidades pequeñas. Denuncias de “clientelismo” con prácticas que no son novedosas, y que se pueden ver en cualquier provincia, realizadas por los más diversos partidos políticos. De un total de más de 3600 urnas, las denuncias alcanzaban a apenas una docena.
El candidato perdedor (por casi 12%) grita fraude. Consigue un amparo. Se presenta a una Cámara en lo Contencioso administrativo –que no tiene jurisdicción sobre el caso-. Y aquí empieza lo más jugoso: la Cámara se arroga competencia declarando inconstitucional una ley que se la negaba. Aplica esa decisión hacia atrás, toma el caso, y decide anular las elecciones y ordenar se realicen de nuevo… Las pruebas son notas periodísticas. Ni a Kafka ni a García Márquez se les ocurrió algo así.
El gobernador saliente, José Alperovich, declara que es imposible realizar elecciones antes de su partida, el 29 de octubre, y que la ley de acefalía provincial no prevé una situación tan grotesca. Diversos dirigentes políticos y juristas comienzan a analizar si corresponde o no una intervención federal para evitar que la provincia quede acéfala. Todo esto mientras se comienza una apelación ante instancias superiores: la Suprema Corte Provincial, cuya decisión podrá a su vez ser apelada ante la Suprema Corte Nacional. No parece un trámite demasiado rápido.
Diversos juristas han opinado sobre el fallo. El más duro ha sido Eduardo Barcesat quien señaló que la decisión “es aberrante y arrasa el principio de deber de obediencia de la Constitución Nacional, por lo tanto es una conducta sediciosa que alguien se invista de autoridad electoral cuando no tiene atribuciones”, agregando “Es un fallo que trasciende los límites del lenguaje normativo. Se desconoce en forma flagrante un resultado electoral por medio de una decisión de un tribunal incompetente”.
El jurista santafesino Domingo Rondina opinó a su  vez : “Los jueces no pueden meterse en lo que la ley no les permite”, mientras que para Diego Barovero se trata de una situación de “prevaricato judicial”.
El periodista (y abogado) Mario Wainfeld, de Página 12, agrega inteligentemente que si la elección se anula, como señala el fallo, por la presencia de prácticas clientelìsticas, parece difícil que este problema se pueda resolver de aquí a uno, diez o cien meses, por lo que en la provincia de Tucumán, siguiendo la lógica del fallo, no podría votarse nunca más…
Para advertir lo grotesco de la situación, quizás lo mejor sea proyectarlo a las próximas elecciones nacionales del 25 de octubre. Imaginemos que esa instancia un candidato presidencial obtiene el 41% de los votos, frente a un perdedor con el 29% -que es más o menos lo que hoy dan las encuestas-. Imaginemos que el candidato perdedor comenzara a gritar “fraude”, y lograra como en Tucumán un amparo de uno de esos jueces de birome ágil que vienen pululando en estos años. Luego podría encontrarse algún juez con una creatividad similar al de los colegas tucumanos, poco importa que sea del fuero comercial, civil, penal o contencioso administrativo –mientras tenga chapa sirve- que anule las elecciones y exija un “replay”. A unos 40 días del 10 de diciembre, sería materialmente imposible resolver el berenjenal político-judicial y convocar elecciones. Se llegaría al 10 de diciembre, a la finalización del mandato de Cristina Fernández, sin tener un reemplazante en condiciones de asumir. Tampoco podría reemplazarla el presidente provisional del Senado, hoy Gerardo Zamora, porque todos los cargos de Presidente y vicepresidente de las cámaras legislativas cesarían ese mismo diez de diciembre. Eso no sería lo peor: tampoco podrían asumir los nuevos gobernadores e intendentes recién elegidos, los nuevos diputados y senadores. El poder ejecutivo quedaría acéfalo en su nivel nacional y en muchas Provincias y Municipios. El Congreso quedaría mutilado, con sólo los representantes elegidos en 2013, sin autoridades parlamentarias, y sin saber como se integran las comisiones.
Para colmo de males, la Corte Suprema también se encuentra en una situación cuando menos atípica. Integrada según la ley por cinco jueces, tiene cuatro desde diciembre ante la renuncia de Raúl Zaffaroni, que alcanzó la edad de jubilarse para un magistrado (75). Debía elegirse un reemplazante, por dos tercios de los votos del Senado, pero el Senador radical por Jujuy Gerardo Morales declaró el año pasado que la oposición se había puesto de acuerdo en no elegir un sucesor hasta 2016 –incluso firmaron un documento-. Los reclamos judiciales del oficialismo no tuvieron eco, y el Presidente de la Corte, Ricado Lorenzetti, declaró en diversos medios y varias veces que la corte funciona “perfectamente” con 4 miembros. Entre los 4 miembros se cuenta Carlos S. Fayt, de 97 años y medio, que fue protagonista de un escandalete cuando firmó desde su casa la re-re-reelección de Lorenzetti como Presidente de la Corte, realizada con premura ocho meses antes de la fecha habitual.
Fayt, acerca de cuya salud física y mental se han hecho muchas conjeturas en los últimos meses, y que ha salido poco de su casa en el último año, ha presentado su renuncia a partir del 11 de diciembre de 2015. Le ha sido aceptada.
En definitiva, el 11 de diciembre podemos encontrarnos sin Presidente, sin la mitad de los Gobernadores, sin la mitad de los legisladores de ambas Cámaras, sin autoridades o comisiones parlamentarias, con la falta de una multitud de intendentes, y con una Corte Suprema a la que le faltarán 2 de sus 5 miembros presidida por un magistrado reelegido de una manera realmente extravagante.
Sería un escenario de caos institucional, al que esperamos que no se llegue. En una situación de este tipo ha puesto a la provincia de Tucumán el reciente fallo, con la única salvedad de que el poder judicial de dicha provincia tiene una composición normal. Lo grotesco de la situación muestra a las claras lo absurdo del fallo.
La democracia es el gobierno del pueblo, que elige a sus representantes a través del voto. Habría que avisarles a nuestros jueces…

Adrián Corbella
18 de septiembre de 2015




martes, 11 de agosto de 2015

LAS PASO 2015 Y LOS LÍMITES DE LA ALQUIMIA POLÍTICA, por Adrián Corbella








Analizar los resultados de una elección es una tarea más difícil de lo que parece. Si nos quedamos solamente con los porcentajes de los distintos candidatos, entendemos poco. Hay que comparar los resultados de las distintas categorías (presidente, gobernadores, intendentes, legisladores, etc.), cruzarlos con las elecciones locales, y ver la evolución respecto a comicios previos.
Los resultados de cada provincia muchas veces reflejan fenómenos locales irrepetibles, pero otras nos sirven para entender ciertas complejidades del voto de la gente, e intentar bosquejar los posibles resultados futuros.
Trataremos de analizar los resultados de las tres principales fuerzas políticas, en orden ascendente, y algunos curiosos fenómenos locales, que nos plantean diversos interrogantes.

El extraño efecto Massa

Sergio Massa, quien fuera Jefe de Gabinete de Cristina Kirchner en 2008, rompió con el FpV pocas semanas antes de las elecciones legislativas de 2013, acompañado por una nutrida tropa de intendentes y legisladores kirchneristas. Se presentó como candidato a diputado en la Provincia de Buenos Aires –que contiene el 38% de los votantes argentinos- logrando ganar la elección con un 43,95 % de los votos. Con este resultado en este único distrito pudo alcanzar el 20% de los votos a nivel nacional, lo que lo ubicó como un referente muy importante de la oposición.
Pasadas esas elecciones, el  Frente Renovador massista empezó a tejer alianzas en todo el país con dirigentes varios, a la vez que comenzaba una publicidad masiva, como si las elecciones fueran inminentes, que arrancó en esas elecciones y se prolongó hasta fines de 2014. Aunque de pasado y rasgos neoliberales, Massa se presenta como “peronista”, y de hecho su partido utiliza el escudo del Partido Justicialista –que no pertenece a su espacio- en su publicidad callejera en el conurbano bonaerense. Como alguna vez dijera el General Perón, “peronistas somos todos”. En realidad, el massismo presenta rasgos neomenemistas, y sólo puede ser visto como “peronista” por quienes ven esas características en el ex presidente oriundo de La Rioja.
En 2015 se produjo un derrumbe paulatino de la intención de votos del FR, seguido de la huída de muchos dirigentes que regresaron al FpV o ingresaron al PRO. Muchos pensaron que la candidatura de Massa estaba terminada. El tigrense insistió y logró un resultado mucho mejor al que muchos esperaban merced a una serie de aciertos y casualidades.
En primer lugar, fue un acierto la invención del espacio UNA, que aportó al ex intendente de Tigre un 6,5% a nivel nacional de votos  delasotistas en las PASO, y lo transformó en ganador de un espacio que obtuvo 20,5% de los votos –cuando en realidad Massa sólo tuvo un 14%-.
En segundo lugar, fue un acierto la candidatura de Felipe Solá a la gobernación de la Provincia de Buenos Aires, ya que es un hombre del peronismo y con arraigo por su pasado como Gobernador de la provincia en tiempos de Duhalde y de Néstor.
En tercer lugar, el massismo se ha transformado en refugio de huérfanos varios, lo que le permitió lograr entre un 10 y un 25% de los votos en muchas provincias (1). Votaron a UNA tanto peronistas disidentes con el FpV como quienes tenían como opción primaria partidos locales que no presentaron candidato a presidente propio. Así aparecen votando al UNA rionegrinos de “Juntos somos Río Negro”, neuquinos del MPN, santafesinos del FPCyS y porteños de ECO.
En cuarto lugar, el giro “Nac & Pop” del macrismo tras las elecciones locales porteñas atrajo hacia el massismo a algunos electores ultraopositores que miraron con desconfianza las veleidades “populistas” del ex presidente de Boca Juniors.
De aquí a octubre el massismo enfrenta varios desafíos, el primero de los cuales es retener los 1,4 millones de votos obtenidos por el cordobés José Manuel De La Sota, que al perder con Massa ha quedado fuera de competencia. Estos votantes le serán disputados por Scioli, Rodríguez Saa y Macri.  El tigrense parece tener un techo más alto que Macri, pero tiene un votante más volátil, menos fiel, más fácil de perder. Los únicos votantes que Sergio Massa puede considerar como más o menos “seguros” son los 1,5 millones de votantes de Felipe Solá en la Provincia. En cambio los votantes delasotistas, los peronistas disidentes del interior y los huérfanos de fuerzas varias pueden salir con tanta facilidad como entraron.
Daría la impresión de que el massismo no tiene techo, pero tampoco piso…

El techo del voto amarillo

“Cambiemos” ha sido un intento de unificar un partido de derecha neoliberal como el PRO, con los jirones de la más que centenaria UCR, partido dominado por una dirigencia conservadora no muy alejada ideológicamente de los amarillos. El 30% de votos a nivel nacional alcanzado por “Cambiemos” refleja que esto en buena medida se ha logrado, pero parece haber indicios de que el voto macrista ha encontrado un techo en torno a esas cifras, si tenemos en cuenta algunos datos tanto de las PASO nacionales como de las elecciones locales porteñas.
Las elecciones de CABA (Ciudad Autónoma de Buenos Aires) parecían auspiciosas: el PRO salió primero con 45,5 % de los votos; ECO –casi una colectora de los amarillos impulsada por Carrió y la UCR- obtuvo el segundo puesto, y el FpV quedó relegado a un tercer lugar con menos del 20% de los sufragios. “Cambiemos” lograba en la capital de Argentina más del 70% de los sufragios.
El ballotage porteño trajo la primera señal de alarma: Horacio Rodríguez Larreta estuvo a 54.000 votos de perder el distrito base del PRO a manos de su propia colectora. El voto capitalino se polarizó en contra del PRO, y el partido amarillo fue salvado del desastre por 66.000 personas que votaron en blanco o impugnaron -106 mil en total, frente a 40 mil de la elección anterior-.
En las PASO nacionales producidas el domingo, “Cambiemos” logró en CABA apenas 49% de los votos –frente a 71% de la elección local-, y la fórmula encabezada por Macri obtuvo 111.000 votos MENOS que los obtenidos poco antes por Rodríguez Larreta (2). Los votantes del candidato de ECO en la ciudad, Martín Lousteau, no votaron ni a Macri, ni a Sanz ni a Carrió. Se inclinaron por Massa y Stolbizer, de otros espacios. Esto indica que hay un porcentaje importante del electorado que rechaza al líder amarillo, y busca alternativas a él (ayer Lousteau, hoy Massa y Stolbizer, en octubre veremos a quien). El fenómeno no es sólo capitalino: esos descontentos tanto con el FpV como con el PRO explican el crecimiento de Massa en el interior, lo que le permitió al tigrense compensar su monstruosa pérdida de votos en la Provincia (2013; 44 % ; 2015: 21 %).
Las actuales tribulaciones del PRO muestran que la alquimia política de hechiceros como Jaime Durán Barba tiene sus límites. Es imposible que una fuerza política que ha sido opositora serial durante una década y ha hecho de la palabra “cambio” su caballito de batalla discursivo, diga de un día para otro que no piensa cambiar demasiadas cosas, que sólo mejorará lo realizado, y no pague un alto costo electoral por ello.


Algunas anomalías locales que ponen en entredicho la “Grieta”:

Es interesante destacar algunos resultados provinciales que muestran que entre oficialistas del kirchnerismo y opositores a él hay una ancha avenida de posiciones no tan definidas, cambiantes, que a veces juegan para un lado y otras para el otro.
Entre ellos se destaca el caso de RÍO NEGRO, provincia en la cual para la categoría de Presidente los resultados fueron de 44,62 para el FpV, 22,70 para Cambiemos y 21,40 para UNA. Sin embargo, en la categoría Diputados Nacionales la Alianza Frente para la Victoria alcanza el 60,19% absorbiendo votos "opositores" de UNA. Lo mismo sucede en el Parlasur regional donde trepa al 61,11%. Es decir que en el mismo sobre algunos rionegrinos pusieron la boleta presidencial “opositora” de UNA con los diputados y legisladores comunitarios “oficialistas” del FpV.
Otro ejemplo interesante es CORRIENTES, en cuyas elecciones locales una alianza "opositora" encuadrada por el radicalismo y aliada a Massa ganó por el 50% de los votos frente al 33% del kirchnerismo, pero en la Presidencial Scioli obtuvo el 50,24%, Cambiemos el 29,48 % y UNA apenas un 16,08 %. O sea que algunos de esos "opositores" no lo eran tanto.
En las elecciones locales de MENDOZA, una alianza que integraba a radicales, amarillos, massistas, socialistas y demócratas mendocinos (los famosos “gansos”) se impuso 46 a 40 al peronismo unido. En las PASO, estas dos formaciones perdieron votos: el FpV salió segundo con 33,20 %, derrotado por “Cambiemos” con 36,11 %. Los votos perdidos por ambas formaciones fueron a parar a Rodríguez Saa (5,20 %) y el massismo (13,28 %).
Finalmente, otro caso extraño es Santa Fe, cuya elección local terminó hace un par de meses casi en un triple empate entre el Frente Progresista Cívico y Social (30,7%), el PRO (30,6 %) y el Frente Peronista para la Victoria (29,1 %). El FPCyS, la fuerza del finalmente triunfante Miguel Lifschitz, no presentó candidato propio en estas PASO, ya que los socialistas apoyaban en teoría al líder del GEN, Margarita Stolbizer, y los radicales a las fórmulas de “Cambiemos”. Por lo tanto el voto del socialismo santafesino se disgregó. El ex gobernador Hermes Binner, candidato a Senador, salió cuarto con apenas 13 % de los sufragios. Para la elección presidencial, los votos socialistas se disgregaron entre el FpV (32,95 %), Cambiemos (31,92 %), y UNA (22,14 %) quedando para el candidato “propio” (¿?), Margarita Stolbizer de “Progresistas”, apenas un 6,19 %. La mayor parte de los votos fueron a UNA (Massa y De La Sota) que subió más de 15 puntos, opción fácil porque no implicaba votar a ninguno de los rivales en la elección anterior. Cabe señalar que en la elección para Senadores nacionales el FpV trepó al 34,3 % y en la del Parlasur al 35%.

Las fortalezas del FpV

Hay muchas maneras de interpretar el 38,41 % obtenido por la fórmula kirchneristas Scioli-Zannini. Si lo comparamos con el 54 % obtenido por CFK en 2011, o el 45 % de 2007, parece poco, aunque la sensación cambia si lo comparamos con el cerca de 33 % de 2009 o 2013, y más aún con el cerca de 25% de intención de votos que varias encuestadoras le daban al FpV en febrero de este año.
Independientemente de los términos de comparación que elijamos, ese porcentaje tiene fortalezas que no se ven a primera vista. La fórmula Scioli-Zannini, con ese 38,4 %, quedó a 2% de ganar en primera vuelta. Quedó a 8,3 % de los votos de “Cambiemos”, a 14 % de los votos de Mauricio Macri, a 18 % de UNA, y a 24 % de Sergio Massa.
Esos votos obtenidos por Scioli, que ganó en todas las “provincias” excepto en 4 (Córdoba 14,66 %; San Luis 19,58%; CABA 23,25 % ; Mendoza 33,2 %), son votos propios del FpV, que difícilmente pierda de acá a octubre, y tiene por el contrario diversas expectativas de crecer desde ese 38% consolidando cifras que le permitan una sólida victoria. La fórmula del ex motonauta logró 66,03 % en Santiago del Estero; 60,14 % de Formosa, 57,44 % en Misiones; 57,14 % en Tucumán; 54,65 % en Chaco; 54,48 % en San Juan; 51,59 % en Catamarca; 50,24 % en Corrientes; 47,32 % en Chubut; 47,02 % en Tierra del Fuego;  44,62% en Río Negro; 44,35 en Santa Cruz; 43,80 % en Salta; 41,68 % en Jujuy;  40,58 % en La Rioja; 39,84 % en La Pampa; 39,5 % en Buenos Aires; 39,45 % en Entre Ríos; 35,63 % en Neuquén y 32,95 % en Santa Fe. Cifras evidentemente menores a las de 2011, pero de cualquier manera importantes.
La estrategia del kirchnerismo puede orientarse, desde lo institucional, a realizar acuerdos electorales con referentes de fuerzas locales huérfanas de candidatos propios -como Weretilneck (3), Sapag o Schiaretti (4)- y desde lo político a reforzar la imagen de Daniel Scioli como continuador del modelo, hombre moderado, y cabeza de la fórmula peronista más fuerte.


Adrián Corbella,
11 de agosto de 2015


NOTAS:

(1)   : Ver por ejemplo algunos porcentajes alcanzados por UNA en diversas provincias:  Córdoba 39%, Salta 28%, Jujuy 27%, La Rioja 24%, Neuquén y Santa Fe 22%, Río Negro, Tierra del Fuego, Buenos Aires, Santa Cruz y San Juan 21%, Chubut 19%, Entre Ríos y Formosa 18%, La Pampa, Corrientes y Tucumán 16%, Santiago del Estero 15%, Misiones 14%, Mendoza. Chaco, Catamarca y CABA 13%, y San Luis 6 %.


(3)   : Ver por ejemplo en diario “Río Negro” la nota “Weretilneck, cada vez más cerca de Scioli” del 11-08-15 http://www.rionegro.com.ar/diario/weretilneck-cada-vez-mas-cerca-de-scioli-7884917-9701-nota.aspx



(5)   : Las cifras de esta elección pueden verse en http://www.resultados.gob.ar/web/dat99/DPR99999A.htm


miércoles, 22 de julio de 2015

METAMORFOSIS, por Adrián Corbella





En la Década del ’90, el continente más afectado por la larga noche neoliberal fue América Latina. Los países de nuestro continente sufrieron efectos comunes: endeudamiento, primarización, financiarización y extranjerización de la economía, privatización de recursos naturales y de la infraestructura básica, disolución de los órganos de intervención y control estatal en las actividades productivas, tercerización y crecimiento de las formas de trabajo informal, y una creciente división social, una grieta tan profunda como el Gran Cañón del Colorado que separaba a los sectores que se enriquecían de aquellos que iban cayendo primero en la pobreza, y luego en la marginalidad. Los detalles pueden haber variado, pero el escenario fue más o menos este en todos lados. En algunos países, como Argentina, el período se cierra con una crisis monstruosa, una gran explosión con fuegos artificiales y todo.

Sobre el cambio de siglo, comienza un nuevo amanecer, del que fue pionero el Comandante Hugo Rafael Chávez Frías, luego seguido, cada uno con sus peculiaridades ideológicas y nacionales, por otros líderes como Evo Morales, Néstor y Cristina Kirchner, Rafael Correa y Luis Ignacio “Lula” Da Silva. Las políticas de estos países no han sido idénticas. Pueden marcarse muchísimas diferencias. Pero todas coinciden en tener un claro sesgo anti-neoliberal, en tratar de eliminar muchos de los resabios de la larga noche, cada uno a su manera y en distinta medida.

Las oposiciones a estos movimientos políticos surgieron en todos los casos de aquellos sectores que se habían visto más beneficiados en los años neoliberales. Y tuvieron muchos rasgos en común, ya que como en muchos países el neoliberalismo era casi mala palabra, estas oposiciones neoliberales debían maquillar, ocultar, su auténtico perfil ideológico. Entonces se centraron en algunas consignas que se repiten, como la inflación, la inseguridad, la corrupción,  y la supuesta falta de calidad democrática o de eficiencia económica de estos gobiernos. Los tres primeros problemas son concretos, existen. Pero les dan una centralidad excesiva y proponen “soluciones” que o los agravan o producen problemas derivados aún mayores. Elaboraron además difusas consignas basadas en la idea del cambio, lemas que no se definen, pero que terminan siempre en la viejas recetas noventistas. Estas oposiciones no se limitan a la lucha electoral. Movilizan a las corporaciones mediáticas, a grupos económicos, a sectores cooptados de la justicia y desarrollan elaboradas tácticas de “Guerra de Cuarta Generación”, intentando golpes blandos que pocas veces han tenido éxito en estos años.

Con el correr de los años, y de las elecciones perdidas, estas oposiciones se han ido enfrentando a problemas cada vez mayores: no sólo deben ocultar su ideología neoliberal, que espanta a los votantes, y refugiarse en consignas difusas y de contenido poco claro. Además, y tras cansarse de perder elecciones, se ven obligados a travestirse levantando la bandera de muchas de las políticas que venían criticando, a las que venían combatiendo sin piedad.

Es un fenómeno que se ha visto en muchos países. Henrique Capriles, en la última elección presidencial venezolana, adoptó un discurso semi chavista, presentándose casi como un continuador de la obra del Comandante, lo que le permitió perder por muy poco.

En Bolivia, en la últimas elecciones, los opositores a Evo adoptaron muchas de las consignas del MAS, entendiendo que si se oponían a ellas no tendrían ni la más mínima oportunidad de derrotar al líder aymara.

El vicepresidente boliviano, Álvaro García Linera, que además del cargo político que ocupa es un insigne intelectual, lo explica para el caso de su patria de esta manera:


“En política, podemos aplicar el concepto de efecto de gravedad fuerte que da la curvatura al espacio político, es decir, el efecto de una propuesta política lo suficientemente fuerte y hegemónica que anula (temporalmente) otras alternativas políticas discursivas convirtiéndolas en variantes satelitales, más a la izquierda o más a la derecha del vórtice gravitacional. En este caso, lo que surgió en el año 2000 inicialmente como una alternativa de izquierda opuesta a una de derecha, al anular plenamente a esta última, hizo que el campo político se convirtiera de bipolar en unipolar; y entonces la propuesta de la izquierda, por el efecto de la fuerza de gravedad política, devino en “centro”. Pero, ¡ojo!, no es que ella haya cambiado o se haya “derechizado”; al contrario, la fuerza de gravedad de la propuesta de izquierda es tal, que al anular la de la derecha (que equilibraba el campo político), hace que el campo político entero, que la sociedad boliviana entera, se “izquierdice” en su totalidad. Es así que todas las propuestas políticas ya no cuestionan ni la nacionalización ni la participación de las organizaciones sociales, y simplemente hablan de ajustes de forma en torno a este único núcleo discursivo.” (1)

En Argentina, el fenómeno no ha alcanzado la misma profundidad, pero ya empieza a notarse. Sergio Massa adoptó esta estrategia de oponerse sin cuestionar núcleos centrales de las políticas K ya desde 2013, tratando de aparecer como una suerte de kirchneristas muy light o de opositor muy razonable, aunque sus legisladores en el Congreso ejercían el mismo oposicionismo sistemático que caracterizó a toda la oposición argentina. Decaído electoralmente Massa, y tras sufrir un susto electoral mayúsculo al casi perder su distrito base, Mauricio Macri mutó de su postura de oposición universal a todas las iniciativas del gobierno a un extraño filo-kirchnerismo que se contrapone a una década larga de historia política de su partido, el PRO.

"La verdad que en el Pro siempre hemos sentido que no estamos en contra, no somos antikirchneristas ni anti-nada" (1) dice hoy muy suelto de cuerpo Mauricio, que ya no parece Macri.

El mismo líder amarillo que se opuso en su momento, decididamente, a la nacionalización de YPF, señalando  “Esta decisión va en contra de los intereses de los argentinos, y dentro de un año vamos a estar peor” (2), y agregó:

“Anoche me fui a dormir muy preocupado, convulsionado, calculo como muchos argentinos. Y me desvelé a la madrugada, a las, 5 y me fui a la cuna de Antonia. La vi ahí chiquitita, tan indefensa, y no pude dejar de pensar en los millones de argentinos indefensos por la inseguridad, nos matan todos los días, en los millones que viajan indefensos y que pierden la vida, como en Once, ni en los millones de argentinos comprometidos por muchos años a pagar miles de millones de pesos producto de que los mismos que privatizaron YPF en el 92 ahora decidieron estatizarla”.(3)
 ahora, y sin despeinarse, afirma que la mantendrá bajo control estatal.

Quien se opuso con férrea determinación a la estatización de Aerolíneas sostiene sin ruborizarse:

“Si nos opusimos en su momento, cuando mandaron lo de Aerolíneas Argentinas, es porque veíamos lo que estaban haciendo, para nosotros no es una cuestión de relato”(4)


Los inesperados dichos de Mauricio –que suponemos sigue siendo Macri- generaron reacciones de todo tipo. Desde los sectores cercanos al PRO, hubo un cerrado apoyo, señalando que no había habido ningún cambio, que todo seguía como siempre.

Marcos Peña, Secretario General del gobierno de CABA, afirmó


"Lo que descoloca al kirchnerismo es que quiso trazar una idea de lo que era Macri como alguien ideológico con un programa oculto, que no es cierto". (5)

Podríamos agregar que si algo define indudablemente a alguien como neoliberal, es usar la palabra “ideológico” como la usa Peña.

Según el diario económico “Ámbito Financiero”, un importante empresario cercano al PRO habría declarado:
"Mauricio (Macri) salió con un discurso poco creíble para él y ahora se monta sobre un supuesto enojo de lo que denomina Circulo Rojo, pero nadie está enojado, hay que tener tranquilidad. Ya nos juntaremos a aclarar el panorama y todo volverá a sus carriles normales", para concluir con un "Mauricio es uno de los nuestros, no hay nada que reclamar”.(6)

Desde el oficialismo Cristina, en ocasión de inaugurar la nueva ruta provincial nro.6 (uniendo Campana y La Plata) comentó los dichos del candidato amarillo , señalando:

“Estoy muy contenta porque los que hasta hace un año criticaban todo lo que hacíamos y no nos votaban la leyes, ahora se dan cuenta de lo bueno que es tener Aerolíneas, haber recuperado Anses, YPF. Me pone contenta que más argentinos se den cuenta de que estamos haciendo bien las cosas”, y luego agregó: “Me pone muy contenta y no hay que enojarse, al contrario”

“Lo único que siempre pienso es que si se hubieran dado cuenta un cachito antes, cuánto tiempo de discusión y debate hubiéramos ahorrado, cuántos argumentos le hubiéramos restado a los ríos de tinta y las horas de voces que decían que estábamos dividiendo y peleando . Lo que hacíamos era tratar de convencerlos que tener aviones propios era bueno, al igual que YPF y las AFJP en manos del Estado, al igual que Aguas Argentinas. Nos pone contentos que más argentinos se hayan dado cuenta de que estamos haciendo bien las cosas.” (7)

Máximo Kirchner, con su humor tan parecido al de su desaparecido padre, señaló:

"Cuando ayer escuchaba a Macri hablar de las Asignación Universal y de Aerolíneas Argentinas, pensé que era Mariano Recalde", afirmó. "Como ha cambiado, bien puesto el nombre 'Cambiemos' entonces, porque ahora quieren dejar todo lo que hace un año y medio querían derogar". "La sociedad tiene que estar atenta con estas muestras de hipocresía, porque muchos de los agravios y ataques que hemos recibido tienen que ver con la defensa de estas políticas, por las que ahora, por una mera especulación política se quieren montar". (8) 
También el candidato presidencial del kirchnerismo, Daniel Scioli, criticó a Macri por "cambiar su discurso" (9)

En definitiva, quien se opuso a la estatización de la línea aérea de bandera, Aerolíneas Argentina, de la petrolera YPF y del sistema de jubilación, y sostuvo más de una vez que en caso de alcanzar el gobierno revertiría esas medidas, hoy las defiende. Mutación que se produjo, extraña casualidad, el mismo día que su sueño presidencial estuvo a un 3%, 54.000 votos, de naufragar en las elecciones locales de la ciudad de Buenos Aires, distrito donde surgió y gobierna el partido amarillo de Mauricio, y que constituye –en teoría- su bastión electoral.

Parece difícil de concretar esta actitud mutante cuando la palabra “cambio” es la que más se ha escuchado en la boca de Macri en los últimos meses. Cuando la alianza que formó junto a la UCR y el lilismo se llama “Cambiemos” –cumplieron: se están haciendo kirchneristas-. Evidentemente es una táctica muy desinhibida –y muy poco sincera- tratando de captar votos massistas e indecisos. Una jugada audaz, pero tardía y poco creíble. Y que conlleva el riesgo de perder votos propios sin quizás compensar con la ganancia de votos ajenos.

El neoliberalismo no cree en la política. Creyentes fervientes de un credo, de una ideología con rasgos sectarios, ven en la política un trámite innecesario porque no hay nada que discutir. Ellos son los dueños de una verdad casi revelada. Eso los lleva a encarar las campañas, con frialdad, como si vendieran un producto. Y, como todos sabemos, las campañas publicitarias buscan vender como sea el producto, para lo cual le dicen al potencial comprador todo lo que éste desea oír. Importa poco si el producto es bueno o es malo. Lo que importa es venderlo. El éxito es, para ellos, la única verdad.

Adrián Corbella,
22 de julio de 2015

NOTAS:


(1): Publicado en: http://sur.infonews.com/america-latina

(2) ; VER http://www.infonews.com/nota/235929/macri-en-el-pro-sentimos-que-no-somos-antikirchneristas-ni-anti-nada
(3):  http://www.pagina12.com.ar/diario/elpais/1-277547-2015-07-21.html

(4): Publicado en: http://www.pagina12.com.ar/diario/elpais/1-277547-2015-07-21.html


(5):  Publicado en: http://www.pagina12.com.ar/diario/elpais/1-277545-2015-07-21.html

(6): Citado en: http://www.pagina12.com.ar/diario/ultimas/20-277557-2015-07-21.html .
(7):  Ver http://www.ambito.com/noticia.asp?id=799975

(8):  tomado de: http://www.pagina12.com.ar/diario/elpais/1-277612-2015-07-22.html



(9): ver http://www.agenciapacourondo.com.ar/politica/16792-ahora-quieren-dejar-todo-lo-que-querian-derogar-es-una-gran-muestra-de-hipocresia.html

(10): http://www.infonews.com/nota/235084/scioli-critico-a-macri-por-cambiar-su-discurso


lunes, 20 de julio de 2015

SOBRE RULOS Y BOCHAS, por Adrián Corbella






Aún habiendo nacido en Capital Federal y viviendo en ella desde siempre, no es fácil interpretar al votante de este distrito. El que observa desde afuera, el que lo mira desde otra parte del país, puede pensar que una fuerza política que gana tres elecciones locales seguidas (2007, 2011, 2015) con cifras superiores al 40% y luego se impone en los subsiguientes ballotages, debe tener logros importantes para mostrar. Los que vivimos acá podemos hacer una lista cortísima que se reduce casi a una sola cosa: el Metrobus de la Avenida Juan B. Justo mejora el rendimiento del transporte colectivo de la ciudad (aunque genera un tránsito caótico para los vehículos particulares). Luego… no hay nada más para destacar. Nada positivo. La lista de cosas negativas (endeudamiento incontenible, suba escalofriante de impuestos, obras absurdas como las bicisendas) excede las dimensiones de esta nota.

¿Y entonces por qué gana?

La ciudad de Buenos Aires tiene grabado en su ADN la hostilidad al peronismo, sobre todo al peronismo más popular, más preocupado por los pobres. El PJ perdió las elecciones locales en este distrito incluso en 1973 (1), cuando primero Cámpora consiguió el 49% y luego Perón obtuvo un 62% de los votos a nivel nacional. El único “peronista” que se alzó con la victoria en la ciudad capital fue el menemista Erman González, que era en realidad demócrata cristiano, y que tenía un perfil más de centro-derecha liberal que justicialista. Para encontrar otro ejemplo hay que retroceder medio siglo hasta las elecciones legislativas de 1965, ganadas por Narciso Paulino Niembro (2). El FpV hereda en su contra esta tradición, y no logra cosechar más que entre un quinto y un cuarto del voto capitalino. De cara a un ballotage, con un buen candidato y mucho viento de cola, el kirchnerismo se puede acercar a los dos quintos. Ese es un techo impenetrable, a menos que el candidato sea algo tan ajeno a la tradición peronista como lo era el ya mencionado Erman González.

Entre este quinto de kirchneristas y los dos quintos de votantes PRO, hay otros dos quintos de votantes bastante hostiles a las otras dos fuerzas. La mayoría de ellos, si se ven obligados a elegir entre macrismo y kirchnerismo, optan por el primero, pero si tienen una tercera fuerza que les permita una alternativa, la votan. Este sector es el que permite entender los triunfos de Carrió en CABA, el 20% obtenido por Jorge Telerman en 2007, el resultado de UNEN en las PASO de 2013 o esta elección de Lousteau. Si el voto se polariza entre kirchnerismo y antikirchnerismo, esta última opción gana siempre en CABA. Si la polarización es entre macrismo y otra fuerza que no sea K, el PRO se encuentra en serias dificultades: en las PASO de 2013, UNEN le ganó al PRO en casi todas las comunas, mientras que en esta elección, si bien Lousteau pierde 48,4 contra 51,6 de Larreta, el exministro de Cristina le ganó a los amarillos en dos terceras partes de las Comunas, ganando el partido de Macri en las áreas de mejor nivel económico, las Comunas 2 (Recoleta), 13 (Belgrano, Núñez, Colegiales) y 14 (Palermo), en una comuna de perfil mixto, la 1 (Retiro, Puerto Madero, San Telmo, Constitución), y en una sola que podemos ver como claramente de sectores populares y de clase media no demasiado próspera, la Comuna 4, que comprende La Boca, Barracas, Nueva Pompeya y Parque Patricios –área fuerte del PRO por los antecedentes de Macri como Presidente del Club Atlético Boca Juniors-. (3)


El voto capitalino al PRO entonces tiene dos vertientes: aquellos que votan a favor de esa fuerza, y los que optan por ella en oposición al FpV. Esta última semana la propaganda electoral del PRO apuntaba a dos cuestiones: tratar de evitar a toda costa el ballotage forzando una renuncia del “rulo” Lousteau  –seguramente las encuestas que manejaban les daban “empate técnico- y tratar de convencer al votante capitalino de que esta elección era vital para fortalecer la candidatura anti-K de Macri a nivel nacional, de cara a agosto y octubre. Por eso, si bien ayer los porteños votaron a dos listas que teóricamente pertenecen a nivel nacional a “Cambiemos” –alianza cuyo candidato presidencial será seguramente Mauricio Macri- la lectura de los resultados poniendo eje en las elecciones nacionales es compleja.

Ese 48,4% de votos logrados por Lousteau incluye casi en bloque a los votantes de Mariano Recalde (22% en las elecciones de hace un par de semanas). El resto son votantes propios de Lousteau, y algunos que se sumaron de otras fuerzas. Es difícil evaluar como se comportará esta masa electoral en la elección nacional. Macri tiene potencialmente seguro a la mitad del electorado porteño. Casi un cuarto del electorado es del FpV. El otro cuarto se va a dividir entre distintos candidatos: quizás alguno opte por la fórmula macrista, pero es mucho más probable que esos votantes elijan opciones no amarillas, como las de Stolbizer, Massa… y el propio Scioli.

El PRO necesitaba un triunfo resonante, arrasar en alguna elección para mostrar fortaleza a nivel nacional. Sin embargo, pese a las alianzas concertadas con radicales y otras fuerzas, esto no se ha logrado. Santa Fe y Córdoba, donde los amarillos tenían expectativas de ganar, las perdieron en elecciones más bien modestas, sin mucho para destacar. Salta, donde iban en alianza con Massa y un candidato menemista, y tenían un extraño “crédito” local, el diputado Alfredo Olmedo, tampoco sumó demasiado. Mendoza la ganaron, pero es difícil ocultar que ese triunfo es más radical que macrista, y para colmo no fue demasiado espectacular (toda la oposición unida 46%, el FpV mendocino casi 40%). Les quedaba la única esperanza de un resultado arrasador en CABA, el distrito madre del partido amarillo… Nada de eso se logró…

A veces hay derrotas que se festejan. Anoche seguramente Daniel Scioli, Carlos Zannini y Cristina Fernández habrán brindado celebrando el resultado, habiendo logrado bajar a cifras mínimas la “victoria” amarilla en CABA, supuesto baluarte del PRO, dirigiendo los votos kirchneristas hacia ECO sin apoyar formalmente a ese espacio –lo que hubiera quedado feo realmente-


A veces hay victorias que duelen como derrotas. Hace 2300 años el rey griego Pirro de Epiro invadió Italia con el propósito de derrotar a la naciente República Romana. Los ejércitos de Pirro avanzaron logrando varias resonantes victorias, todas con un costo altísimo en bajas griegas. Luego de su última “victoria” el inteligente monarca dijo: “Otra victoria como ésta, y me vuelvo solo a Epiro”. Entonces decidió declararse perdedor y embarcar los restos de su maltrecho –aunque “invicto”- ejército de regreso a su patria epirota.

Anoche Macri, que tiene la palabra “cambio” como eje de su discurso, que le puso Cambiemos a su espacio, en las palabras celebrando el “triunfo”, prometió continuar con los ejes centrales de las políticas kirchneristas (4). Es difícil explicar que “Cambiemos” no quiere cambiar nada, y que cuando se dice “cambio” se habla de un emprolijamiento nomás. Se ve que están advirtiendo que los vientos de cambio son apenas brisas suavecitas, que la voluntad de cambio está más en ellos que en los votantes.

Desinflados los globos, apagadas las luces de colores y retirada la concurrencia, seguramente Mauricio habrá pensado: “Otra victoria como esta, y me vuelvo solo a Boca”





NOTAS:

(1): En 1973, Fernando De La Rúa gana las elecciones a Senador al justicialista Marcelo Sánchez Sorondo, en instancia de ballotage. Única victoria radical en una elección nacional de claro predominio peronista.

(2): Ver por ejemplo http://www.lapistaoculta.com.ar/3/2/c/el-coleccionista/item/3985-c%C3%B3mo-se-lleg%C3%B3-al-proceso-electoral-del-11-de-marzo-de-1973.html

(3) : Ver por ejemplo http://www.infonews.com/nota/235104/el-pro-perdio-en-nueve-de-las-15-comunas

(4) :  Consultar http://www.infonews.com/nota/235131/el-discurso-kirchnerista-del-lider-del-pro

martes, 23 de junio de 2015

EL MISTERIOSO SEÑOR SCIOLI, por Adrián Corbella





REFLEXIONES EN VOZ ALTA DE UN MILITANTE



Debo confesar que nunca me gustó Daniel Scioli. Siempre le tuve desconfianza. Allá lejos y hace tiempo, en 2003, un amigo lo definió de una forma que me sigue pareciendo excelente. Mi amigo Gerardo, me dijo : “Daniel es un liberal macanudo”. Yo lo veía como un aliado táctico, como lo fueron en su momento Eduardo Duhalde, Martín Redrado, Felipe Solá, Graciela Ocaña o Alberto Fernández. Los aliados tácticos, en algún momento, se van y siguen su propio camino…

Nunca pude entender a Scioli. Siempre me confundió, me desconcertó, Me enojé cada vez que concurría al “Coloquio de IDEA”, cada vez que aparecía en un programa del “Grupo Clarín”, cada vez que se sacaba fotos con referentes opositores.

Muchas veces temí que diera el portazo en el peor momento, y se alejara denunciando a diestra y siniestra, como lo hicieron otros, como lo hicieron tantos, incluso algunos que parecían ideológicamente más afines (como Miguel Bonasso o Victoria Donda).

Temí que nos dejara en 2008, en el año del golpe agro-mediático. Pero Scioli permaneció con nosotros.

Pensé que se iba tras las elecciones de 2009, cuando De Narváez le ganó a Néstor en la Provincia de Buenos Aires y muchos pensaban que era el fin de todo, el famoso “Fin de Ciklo” tantas veces anunciado. Pero Scioli siguió firme, “como rulo de estatua”.

Temí que diera el portazo tras la muerte de Néstor, en 2010, como hicieron Hugo Moyano, Julio Piumatto y otros dirigentes sindicales. Pero no. Siguió ahí, como siempre.

Imaginé que haría “la Gran Massa” en 2013… y en cambio lo ví vestido de bombero y con la manguera en la mano.

¿Quién es realmente Daniel Osvaldo Scioli? ¿Es el que va a eventos de Clarín o al programa de Mirtha Legrand o es el que estuvo en 678 y nos acompañó en todos los temporales? ¿Es el que escucha a Blejer y Bein o el que habla maravillas de Kicillof?... Realmente no lo sé…

¿Puede verse como “táctico” a un aliado que ya lleva más de doce años con nosotros?... Después de tanto tiempo… ¿No sería más bien un aliado “estratégico”? ¿No es ya parte de nosotros?...

Me desorienta Daniel Osvaldo Scioli. Reconozco mi incapacidad para comprenderlo. En cambio no me desorienta Cristina Fernández de Kirchner. Llevo más de una década confiando en ella, y nunca me ha defraudado. Si Cristina apuesta por él, debo al menos darle al motonauta el beneficio de la duda.

La jugada de Cristina fue muy clara:  sale Randazzo, entra Zannini. Puso en cancha al hombre de más confianza de la familia Kirchner en los últimos treinta años. Con ese gesto ella se puso la candidatura de Scioli sobre los hombros.

Zannini no está para “vigilar a Scioli”, como dicen algunos. Lo dijo con mucha perspicacia Dante Augusto Palma hace algunos días: Zannini es un mensaje para nosotros, los militantes. Nos indica claramente las intenciones de la Presidenta, nos dice dónde ella “puso los porotos” en esta elección.

Además de la nota de Palma, también me dejó pensando un artículo impactante de Mariana Moyano, “Sapos y vidrios”, con el que me siento plenamente identificado. La panelista de 678 resume la cuestión con una frase simple pero concluyente: “Me voy a tragar un sapo, porque no como vidrio”.

El partido ya comienza. Hay que sacar el equipo a la cancha, para empezar a jugar.

Somos el Frente para la Victoria.

Hay que ganar.



Adrián Corbella

23 de junio de 2015

domingo, 21 de junio de 2015

LA DECISION, por Adrián Corbella





El Frente para la Victoria siempre ha sido una fuerza de composición muy diversa. Institucionalmente, confluyen en él el Partido Justicialista y una docena de partidos más, más varias decenas de fuerzas provinciales. Desde un punto de vista más humano, hay un tronco central muy fuerte proveniente del peronismo, sobre todo de sus sectores más cercanos a los ideales del primer peronismo, junto a sectores nada desdeñables que proceden de diversas fuerzas de izquierda, del radicalismo e independientes. A esta segunda columna del kirchnerismo podría definírsela como “progresista de centro-izquierda”.
Ambos sectores, el peronista y el que no lo es, forman ese núcleo duro del FpV que acompañó a Néstor y Cristina Kirchner en todos estos años, incluso en las flojas elecciones legislativas del 2009 y 2013 –donde se obtuvieron cifras cercanas al 34% de los votos-.
Los votos obtenidos en las elecciones presidenciales, en cambio, fueron mayores (45% en 2007; 54% en 2011) pero allí se sumaron a los votantes kirchneristas habituales otros votantes, menos definidos ideológicamente, que decidieron apoyar en esa instancia, pero que repiensan su voto en cada elección. Estos votantes fluctuantes, grises, “ni” (ni oficialistas ni opositores) pertenecen en muchos casos a sectores del peronismo que no apoyan plenamente el modelo, o son independientes sin partido fijo.
El escenario que dejaron las elecciones legislativas de 2013 fue el de una sangría de votos peronistas que salieron del FpV para sumarse a otras propuestas, como el Frente Renovador de Sergio Massa. En 2015, y más allá del debilitamiento del massismo en estos últimos meses, se ha mantenido esa dispersión del voto peronista entre distintas expresiones electorales. Aunque el sector más numeroso del peronismo sigue perteneciendo al FpV, hay sectores peronistas importantes en el Frente Renovador de Massa, son peronistas de origen los seguidores de los hermanos Rodríguez Saa y del gobernador cordobés De La Sota, y hasta hay dirigentes de origen peronista en “Cambiemos” (Ritondo, Santilli, Reutemann). Estamos definiendo aquí como “peronista”  a aquel que ha tenido una pertenencia prolongada al PJ, más allá de que algunos presenten ciertas excentricidades ideológicas.
Las últimas encuestas nacionales coinciden en otorgar entre un 35 y un 38% de la intención de votos al FpV, y entre un 29 y 31% a la alianza encabezada por el PRO. Es decir que entre las dos fuerzas principales suman cerca de un 70% de los sufragios. El otro 30% se divide entre la extrema izquierda (5% aproximadamente), la centroizquierda de Stolbizer (de 5 a 7%) quedando cerca de un 20% en manos de diversas fuerzas “peronistas” o filoperonistas, como son las conducidas por Sergio Massa, Adolfo Rodríguez Saá y José Manuel de la Sota.
El FpV necesitaría  aumentar su caudal electoral en cerca de un 10 o 15 por ciento para lograr una victoria cómoda en primera vuelta. Es evidente que estos votos no van a conseguirse ni entre los votantes de “Cambiemos”(PROradicalismo) ni en el “Frente de Izquierda y de los Trabajadores” (FIT) que son, por motivos diversos, los más duramente opositores. Pueden conseguirse algunos votos en el espacio de Stolbizer -que tiene sectores filokirchneristas en el socialismo santafesino- pero el espacio al que el FpV apunta claramente es a ese 20% de votos más o menos peronistas que se han dispersado en diversas propuestas.
En este marco hay que ubicar toda la estrategia de campaña diseñada por Cristina Fernández de Kirchner en este año. Primero se lanzaron media docena de precandidaturas presidenciales con perfiles muy diversos, algunos incluso ubicados a la izquierda de CFK (Jorge Taiana). Primero se bajó Julián Domínguez, que medía muy poco. Luego, Cristina pidió “un baño de humildad”, y generó que los 4 candidatos más cercanos ideológicamente a ella se bajaran en rápida sucesión (Aníbal Fernández, Sergio Urribarri, Jorge Taiana y Agustín Rossi). Hay que reconocer que los cuatro, sumados, tenían una intención de votos que no llegaba a los dos dígitos.
Quedaron el Gobernador de Buenos Aires, Daniel Scioli, y el Ministro Florencio Randazzo, ambos hombres del PJ de la Provincia de Buenos Aires, y por ende buenos candidatos potenciales para recuperar votos peronistas del massismo, que tiene el grueso de los votantes en esa provincia.
La idea de la Presidenta era mantenerse ajena a la interna, y luego apoyar al vencedor. Una interna enfrenta no a enemigos sino a rivales de un mismo espacio político. Se supone entonces que al terminar, todos marchan juntos detrás del vencedor.
Ambos candidatos tenían sus puntos fuertes y sus debilidades. Scioli fue vicepresidente de Néstor Kirchner en 2003-07, y luego gobernador de la provincia de Buenos Aires (2007-15), en la administración de la cual tuvo sus claroscuros. Tiene un estilo político moderado, y veleidades liberales que molestan a muchos sectores del kirchnerismo más duro. Su entorno incluye a personajes que preocupan a mucha gente, como su hermano José “Pepe” Scioli –que estuvo contra el FpV en 2009- y a los economistas Mario Blejer y Miguel Bein, que no son neoliberales duros, pero tampoco son heterodoxos. Fue un firme sostén del gobierno en momentos difíciles, como fueron la crisis agromediática de 2008 y las complejas elecciones de 2009 y 2013. Y tiene una excelente imagen entre los dirigentes del peronismo de las diversas tendencias, incluyendo a Gobernadores e Intendentes.
Randazzo tenía a su favor sus buenos desempeños ministeriales, primero en Interior, y luego al frente del exitoso proceso de reconstrucción del sistema ferroviario nacional. También gozaba de muy buena imagen en sectores independientes y en el kirchnerismo más duro, más de izquierda. Pero adolecía de un defecto: nunca ha ocupado cargos ejecutivos electivos, ni como Intendente ni como Gobernador.
Reducidas las precandidaturas a dos, Cristina mantuvo su estrategia de neutralidad: ambas representaban al FpV y los ciudadanos deberían decidir con su voto cuál sería la triunfante. Mantuvo esta actitud en un contexto en el que todas las encuestas daban como cómodo ganador a Scioli.
Entonces algo empezó a salirse de los planes previstos. Randazzo adoptó una actitud agresiva hacia Scioli, presentándose como el único candidato K, y acusando a su rival de ser un infiltrado clarinista. Incluso tuvo choques desagradables, rozando lo personal, con el gobernador bonaerense, con la esposa de éste, y con otros dirigentes. La interna comenzó a recalentarse, y a adquirir un tono desagradable. Las pasiones crecieron, claramente debido a la estrategia del randazismo. Esto puso a la Presidenta en una situación compleja, porque si mantenía su neutralidad generaba varias consecuencias negativas.
En primer lugar, aparecía avalando las denuncias de Randazzo, cuando para ella ambas candidaturas pertenecían al FpV.
En segundo lugar, se corría un serio riesgo de partir por la mitad al kirchnerismo, y que luego de las PASO los perdedores no votaran al ganador.
En tercer lugar, y pese a que ambas candidaturas la representaban, corría el riesgo de quedar en la posición de “perdedora” en una interna de la que no había participado.
En este escenario llega la decisión que era lógica, aunque sorprendió a muchos. La interna recalentada debía terminarse, y la manera más simple de hacerlo era avalar al candidato que estaba ganando según las encuestas, que era además el que había mantenido la campaña en el marco señalado por la jefa del espacio.
Jamás sabremos de quien fue la iniciativa de nombrar a Carlos Zannini como vicepresidente de la fórmula de Scioli. Pero fue una jugada de jaque mate, porque el Secretario Legal y Técnico de la Presidencia es la persona que no se apellida Kirchner  de más confianza de la Presidenta (como fue antes de su esposo).
Dicen que nadie le pidió a Randazzo que se bajara. No hacía falta. El lo dijo claramente 48 horas después en su tuiter “competir contra Zannini era competir contra Cristina”, y reafirmó su apoyo a las decisiones presidenciales, aunque el día anterior había dado mensajes menos concluyentes.
Las dificultades que mostró Randazzo para asumir la nueva situación, y las airadas reacciones de muchos de sus potenciales votantes, son la mejor explicación de porqué CFK decidió dar por finalizada la interna presidencial. En una elección casi definida, las pasiones se estaban exaltando, el recalentamiento era cada vez mayor, y las consecuencias de seguir la conflictividad creciente hasta el 9 de agosto hubieran sido, probablemente, muy negativas para las posibilidades electorales del FpV.
Florencio Randazzo es un muy buen cuadro político, que puede exhibir diversos logros en su accionar en estos años. Sin embargo, en la interna del FpV equivocó el camino. La paradoja es que fue justamente el anti-sciolismo extremo del ministro lo que casi obligó a Cristina Fernández de Kirchner a apoyar a su rival, Daniel Osvaldo Scioli. Dos más dos sólo es cuatro en las matemáticas; en política, las cosas son siempre más complejas…

martes, 19 de mayo de 2015

UN TETRYS PARA LA VICTORIA, por Adrián Corbella




A casi 70 años de la elección que consagró a  Perón como Presidente de Argentina, y a más de 40 años de su muerte, en Argentina se da la paradoja de que mientras que muchos siguen sin aceptar –ni digerir- lo que fueron y representaron Juan Domingo Perón y María Eva Duarte de Perón en la historia argentina, hoy la mayoría de los partidos políticos incluyen a dirigentes que son, fueron o dicen que son peronistas.
El Frente para la Victoria (FpV) tiene formalmente al PJ (Partido Justicialista) en su interior, y contiene una mayoría de dirigentes indudablemente peronistas.
El Frente Renovador (FR), si bien tiene un líder de origen liberal, e incluye dirigentes de historias diversas, incluye una multitud –menguante- de dirigentes peronistas, muchos de los cuales apoyaban al FpV hasta 2013.
El PRO (Propuesta Republicana) finalmente, fuerza neoliberal muy alejada del peronismo tradicional –no tanto de su versión noventista menemista- incluye algunos dirigentes de origen peronista como Ritondo o Santilli, y tiene una línea interna llamada “properonismo”. Incluso su líder, Mauricio Macri, que está ubicado en las antípodas ideológicas del peronismo, dijo hace algunas semanas muy suelto de cuerpo que él estaba de acuerdo con todo lo que había hecho Perón…
Por fuera o por dentro de este universo quedan dirigentes que juegan su propio juego, pero que son clara o no tan claramente de raigambre peronista, como Eduardo Duhalde, Mario Das Neves, los hermanos Adolfo y Alberto Rodríguez Saá, José Manuel De La Sota, y personajes aún más exóticos como el empresario Francisco De Narváez, que siempre dice que es peronista –él sabrá porqué… el carácter peronista del “Colorado” es un misterio insondable que los simples mortales sólo podemos entender con la ayuda divina-.
Esto parece confirmar una vieja afirmación del General Perón, a quien le hicieron una entrevista cuando vivía exiliado en España, y ante la pregunta de cuántos peronistas había en Argentina contestó, medio en broma y medio en serio: “peronistas somos todos”…
Este fenómeno genera una realidad palpable en muchas elecciones argentinas: cuando un porcentaje mayoritario de ese numeroso conglomerado panperonista marcha unido detrás de un mismo candidato, la victoria del mismo es prácticamente inevitable.
El FpV, es decir el kirchnerismo, es una fuerza con un tronco mayoritario peronista, al que se han sumado sectores –de una magnitud nada despreciable- de carácter “progresista” provenientes de la izquierda clasista, del socialismo, de movimiento sociales, del radicalismo e independientes. Ambos sectores, los peronistas y los que no lo son, constituyen en conjunto un núcleo “duro” de un 30 a 35% del electorado, que vota consecuentemente a los candidatos del FpV en todas las elecciones. Es el sector que votó al kirchnerismo en las difíciles elecciones legislativas de 2009 y 2013 –en ambas cerca del 34%-.
A ese núcleo sólido se sumaron, en las elecciones presidenciales, sectores que no son kirchneristas duros, sino más bien independientes y peronistas no demasiado K, que a veces acompañan y otras no, y permitieron alcanzar 45% en 2007 y 54% en 2011.
Muchos de estos sectores “grises”, fluctuantes, que eligieron a De Narváez en 2009 y a Massa en 2013, pero votaron a Cristina Fernández de Kirchner en 2011, están volviendo a mirar con simpatía al FpV al irse deshilachando a ojos vista de candidatura del ex intendente de Tigre.
El votante de Macri, por el contrario, tiene un perfil más puramente opositor, a veces fanáticamente opositor; vota siempre en contra y nunca ve como alternativa al FpV.
La oposición argentina no constituye un bloque electoral con objetivos claros y compartidos, pues comprende una multitud de partidos de perfiles muy distintos. Generalmente coinciden en su  oposición sistemática a todo, pero si tuvieran que tomar decisiones estando al frente del gobierno, se dividirían en una pléyade de sectores distintos, y seguramente se terminaría imponiendo el núcleo duro neoliberal que desea volver a los ’90 y a sus políticas de endeudamiento permanente y creciente:  concentración de la riqueza, recesión y destrucción del aparato productivo y del tejido social, políticas que llevarían inexorablemente a otro 2001, seguramente peor que el ya vivido…
El kirchnerismo necesita para ganar en Octubre, sumar a su piso electoral un porcentaje significativo de votantes que vengan de fuera de ese núcleo duro, como logró hacerlo CFK en las dos últimas elecciones presidenciales.
Hoy el FpV está buscando un candidato que continúe con las transformaciones que se han llevado adelante y que pueda lograr lo que ha logrado Cristina en dos oportunidades: atraer a la vez al núcleo “K” paladar negro y a sectores que no lo son, pero que frecuentemente han acompañado.
Hace algunos meses, el kirchnerismo lanzó media docena larga de precandidaturas presidenciales. Las tres que representaban a ese kirchnerismo duro (Rossi, Taiana, Urribari) medían muy poco. Lo mismo le pasó a Aníbal Fernández, quizás la síntesis perfecta entre el kirchnerismo paladar negro y el peronismo tradicional. Pero Aníbal, pese a sus múltiples virtudes, se vio perjudicado seguramente por el duro rol que ha cumplido en estos años, siendo el encargado de levantarse todos los días y enfrentar las impiadosas acometidas mediáticas contra el gobierno. Y si bien Aníbal, polemista brillante, lo hizo con una enorme eficiencia, su figura quedó asociada para muchos –injustamente- más con la controversia que con la construcción.
Los dos que han llegado al final de la carrera y que disputarán por un lugar en las PASO, tienen aspectos que los asimilan y otros que los diferencian. Ambos son hombres del PJ bonaerense, y ambos comenzaron a hacerse visibles en la política argentina en la década del ’90, en los peores tiempos del peronismo (Scioli con más figuración que Randazzo en esos tiempos).
Scioli puede esgrimir sus ocho años de gobierno en la mayor provincia argentina (en la que tuvo, hay que reconocerlo, sus pros y sus contras).
Randazzo mostrará su gran labor en la reconstrucción del sistema ferroviario estatal, y otros éxitos en tareas de rango ministerial, pero se le echará en cara el no haber ocupado nunca un cargo ejecutivo importante.
Ninguno de los dos representa cabalmente a los sectores del kirchnerismo duro, a aquellos que sueñan con un capitalismo keynesiano (y peronista) , con un Estado fuerte, regulador e intervencionista, o a aquellos que ven con simpatía el “socialismo del siglo XXI” del chavismo.
Randazzo parece más cercano a ese modelo, aunque no lo representa plenamente. Scioli parece mucho más alejado, y genera desconfianza en sectores que le reprochan su moderación y su concurrencia a eventos como el coloquio de IDEA, u otros organizados por el Grupo Clarín. Desconfianza que no impide reconocerle que, siempre que hubo un incendio (2008, 2009, 2013) se lo vio al ex motonauta vestido de bombero y con la manguera en la mano.
Si Randazzo tiene una imagen mejor hacia adentro del núcleo duro K, Scioli tiene mayor potencial para captar votos de afuera, por su buena imagen entre el peronismo refractario al kirchnerismo, entre los votantes independientes, e incluso entre la propia tropa kirchnerista de gobernadores, intendentes y dirigentes sindicales.
El nuevo presidente, si es como parece que será del FpV, deberá afrontar una situación en la cual el líder ideológico y político del espacio no será el Presidente de la Nación.
Por eso el mejor candidato del FpV será aquel que mejor cumpla con cuatro condiciones. En primer lugar, poder ser el jefe institucional del país teniendo en paralelo un líder partidario que seguramente no ocupará cargos relevantes a nivel nacional. En segundo lugar, mantener unido, en la mayor medida posible, al núcleo duro de votantes kirchneristas que vienen acompañando a este proyecto político desde 2003. En tercer lugar, encolumnar a la mayor parte del PJ tras un proyecto nacional común. Y finalmente, atraer votos externos, fluctuantes, “grises”, cuyo perfil ideológico es difuso.
No será una tarea fácil. Ni para el que resulte elegido ni para nosotros, que definiremos con nuestro voto esa elección

Adrián Corbella
19 de mayo de 2015